Martes, 01 Noviembre 2022

    ¡Por la Merced que es nuestra gloria, al servicio de los cautivos!

Prot. 35 MG/2022

Objeto: Fiesta de todos los santos

A TODOS LOS RELIGIOSOS Y FAMILIA MERCEDARIA

Presentes.-

Mis queridos hermanos:

     Les saludo en la gracia de la comunión de todos los santos del cielo, de la tierra, y de quienes esperan pronto estar gozando de la gloria de Dios.

     En este mes de noviembre celebramos la fiesta de todos los santos, en la que hacemos memoria de todos aquellos hermanos nuestros que han sido capaces de dar testimonio de un profundo amor a Dios por sobre todas las cosas, y de un amor singular al prójimo ejercitando la virtud de la caridad fraterna. Hoy es un día en el que todos estamos de fiesta porque celebramos la santidad de Dios, y en Él, celebramos también la santidad de la Iglesia como sacramento místico de Cristo en quien vivimos, y compartimos la comunión de todos los santos; así lo proclamamos en nuestra profesión de fe: “…creo en la comunión de los santos y en la vida del mundo futuro, amén”.

     Si bien hay que admirar y agradecer el testimonio e intercesión de los santos canonizados por la Iglesia, me parece justo que también consideremos a aquellas personas: hombres, mujeres, niños, adolescentes, jóvenes y adultos que no han sido llevados, o no serán llevados a los altares pero que, en el anonimato, han dado o están dando testimonio de santidad. Quiero pensar en aquellos hermanos religiosos, familiares, amigos, vecinos o tantas personas que se han desvivido  haciendo el bien sin mirar a quién”, como reza el dicho; y que sin embargo, han pasado desapercibidos en medio de la Iglesia y de la sociedad en general. El  Papa los califica como “los santos de la puerta de al lado” que son los varones y mujeres del pueblo de Dios: “los padres que crían con tanto amor a sus hijos, los hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, los enfermos, las religiosas ancianas que siguen sonriendo..., son aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios” El  Papa también afirma que la santidad excede los límites de la iglesia católica porque el Espíritu suscita signos de su presencia, que ayudan a los mismos discípulos de Cristo (Cf. G.E. 9). Esa es la vocación primera de todos los hijos de Dios, la vocación a la santidad.

     Como hijos de Dios, permanentemente podemos celebrar la comunión de los santos, cuando nos unimos en comunión con Dios y en comunión con los hermanos en Cristo, formando la Iglesia que Él ha fundado. Con esa confianza, cuantas personas conocidas (familiares, amigos),  y no conocidas confían en nuestra oración para alabar a Dios, para agradecer alguna bendición recibida de Dios,  para pedir por alguna necesidad especial.

     En el entendido de que todos oramos cada día en espíritu y en verdad, alabemos a Dios que nos permite ser testigos de su gran bondad al permanecer en vida, al realizar con fidelidad el ministerio encomendado, al superar algún reto que podría poner en riesgo nuestra propia santidad. La comunión fraterna desde la oración, nos permite acortar distancias; Por ello, les encargo que sigamos fortaleciendo nuestra comunión fraterna en los diferentes acontecimientos que vamos teniendo a nivel personal y comunitario. Sobre todo, oremos unos por otros pidiendo a Dios vivir con fidelidad nuestra consagración religiosa y nuestra misión redentora. Oremos por quienes por diferentes razones, están viviendo alguna dificultad, ya sea por la pérdida de algún ser querido, por alguna crisis vocacional, por alguna pena moral o espiritual.

     Al celebrar con alegría la fiesta de todos los santos, pidamos su intercesión por todos nuestros hermanos religiosos que han sido llamados a la casa del Padre. Que Dios nuestro Señor premie todo el bien que realizaron en la Iglesia, especialmente con los necesitados de la libertad de hijos de Dios. Nuestras Constituciones mandan tener en cuenta que: “La caridad, que permanece siempre, ha de unirse aún después de la muerte. Por eso, los hermanos que descansan en Cristo estarán siempre presentes en nuestra oración comunitaria y personal, y especialmente en el santo sacrificio de la misa, aplicándoseles los sufragios establecidos”(COM,  89). Asimismo, hay que tener en cuenta lo que ordenan nuestras Normas Generales: “En el mes de noviembre y en día señalado, conmemórense a los difuntos religiosos, religiosas, terciarios, cofrades, cautivos, parientes y bienhechores, aplicando una misa de comunidad, y las oraciones y sufragios de ese día. Por la misma intención, la comunidad local celebre una misa de aniversario en febrero, julio y octubre, y, en cada uno de los ocho meses restantes una misa por todos los fieles difuntos” (N.G. 57 &9).

     A nombre de toda la Orden, expreso la solidaridad, y el más sentido pésame a los hermanos religiosos, que últimamente han sufrido el sensible fallecimiento de algún ser querido, rogando a Dios nuestro Señor que por su misericordia les conceda el descanso eterna.

     Que por intercesión de nuestra Madre la Virgen María de la Merced, y de nuestro padre San Pedro Nolasco, podamos lograr en plenitud la santidad, y lleguemos un día a gozar de la gloria eterna, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Curia General, a 1 de noviembre de 2022,  a los 804 años de la fundación de la Orden.

Fraternalmente en Cristo Redentor:

 

Fr. Leoncio Osvaldo Vivar Martínez, O. de M.

Maestro General

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Sábado, 24 Septiembre 2022

¡Por la Merced que es nuestra gloria, al servicio de los cautivos de nuestro tiempo!

 

Prot. 25 MG/2022

 

Objeto: Saludo y felicitación por la solemnidad de nuestra Madre la Virgen María de la Merced.

 

A todos los Religiosos de la Orden y Familia Mercedaria

Presentes,.

 

Mis amados hermanos:

 

     Con gran alegría me dirijo a todos ustedes con motivo de la solemnidad de  la Bienaventurada Virgen María de la Merced, nuestra Santísima Madre. Dirigimos nuestra mirada agradecida a ella, que ha sido y sigue siendo, protagonista en el plan divino de salvación desde la encarnación, hasta que finalmente se lleve a cabo la plenitud del Reino de Dios.

 

     En la liturgia eucarística de este día, escuchamos y meditamos en el  texto del Evangelio de San Juan que a la letra dice: “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la esposa de Cleofas, y María Magdalena.  Cuando Jesús vio a su madre, y a su lado al discípulo a quien él amaba, dijo a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa” (Jn 19, 25-27). Ha sido Jesús mismo, quien desde la cruz, constituyó a María, su Madre, para que fuera también Madre nuestra. Y así, vinculada enteramente al plan divino de redención acompañara a su Iglesia en el devenir de la historia: “Esta maternidad de María en la economía de gracia perdura sin cesar desde el momento del asentimiento que prestó fielmente en la Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz hasta la consumación perpetua de todos los elegidos. Pues, asunta a los cielos, no ha dejado esta misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna. Con su amor materno  cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. Lo cual, sin  embargo, ha de entenderse de tal manera que no reste ni añada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador” (LG 62).

 

     En cumplimiento de su misión maternal, la Virgen María, ha querido inspirar a San Pedro Nolasco la fundación de la Orden de la cual formmos parte, para que se llevara a cabo la liberación de los cautivos que estaban en riesgo de perder la fe, por lo que aún ahora, impulsados por el espíritu redentor de Jesucristo, nuestro modelo y guía en el plan divino de salvación, fortalecemos nuestros vínculos fraternos, procurando vivir con fidelidad nuestro carisma liberdor en la Iglesia, en estos tiempos nuevos que nos han tocado vivir. Por un lado, agradecemos el don de la vocación que hemos recibido de Dios, y que reconfirmamos con fe viva ratificando nuestro afecto y aprecio sincero a todos los hermanos y hermanas que forman parte de la Orden y familia mercedaria. Para poder mirar con esperanza el presente y futuro de nuestras comunidades es importantísimo celebrar nuestra fraternidad. Siempre he pensado que, sólo desde la fuerza de la      fraternidad, será posible superar las situaciones emergentes que se están padeciendo por la falta de vocaciones, o por la ausencia cada vez más alarmante de miembros de nuestras comunidades. Pero, estoy convencido  que nuestra fortaleza no depende del número de miembros, sino de la calidad de vida y generosidad de todos, en el ejercicio del ministerio redentor. El testimonio legado desde el comienzo de la historia de nuestra Orden debe ser motivo de impulso para continuar realizando con alegría y esperanza nuestro ministerio liberador, en los distintos lugrares donde nos encontramos presentes en la Iglesia.

 

     Saludo con gran aprecio y agradecimiento, a todas las comuniades de Hermanas religiosas y laicos mercedarios, que forman parte de nuestra familia mercedaria. Es mi deseo que sigamos compartiendo cercanamente nuestra vida fraterna y ministerio apostólico, teniendo en cuenta que la “unión hace la fuera”. Estamos viviendo en la Iglesia, a iniciativa del Papa Francisco, un proceso cada vez más significtivo de sinodalidad, de comunión y fraternidad compartida; es importante dinamizar cada vez más la cercanía entre todos los miembros de la Orden y familia mercedaria, realizando encuentros para compartir experiencias de vida y de trabajo apostólico; ya habrá oportunidad de entrar en comunicación y organización programática, en cuanto los Secretariados del gobierno general se encuentren plenamente constituidos, lo cual será a más tardar en este mismo mes de septiembre.

 

     Ruego a Dios que por intercesión de nuestra Madre la Virgen María de la Merced, y de nuestro padre fundador San Pedro Nolasco, que nos conceda la gracia de vivir con fidelidad nuestra consagración religiosa y nuestro  ministerio carismático en bien de los cautivos de hoy.

 

Curia General, Roma, a 24 de septiembre 2022, a los 804 años de la fundación de la Orden.

 

 

Cordialmente en Cristo Redentor:

 

Fr. Leoncio Osvaldo Vivar Martínez, O. de M.

Maestro General

 

 

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Miércoles, 10 Agosto 2022

 

MAESTRO  GENERALE

Ordine della B.M.V. della Mercede

 

PP. Mercedari

 

¡Por la Merced que es nuestra gloria, al servicio de los cautivos de nuestro tiempo!

 

Prot. 20 MG/2022

Objeto: Celebración de los 804 años de la Orden

 

A todos los religiosos de la Orden y Familia Mercedaria:

Mis amados hermanos:

Es motivo de gran alegría dirigirme a todos ustedes, al celebrar 804 años de la fundación de nuestra Orden. Una ocasión oportuna para dar gracias a Dios por tantos años de historia mercedaria, ejerciendo el amor misericordioso, en  favor de los hijos de Dios privados del sagrado don  de la libertad.

Así como al término e inicio de cada año civil, se hace un balance sobre las pérdidas y  ganancias, sobre lo avanzado o lo retrocedido según los planes programados, me parece que también nosotros, al terminar e iniciar nuestro año mercedario, podríamos con plena conciencia  agradecer a Dios la oportunidad de crecer en santidad, de celebrar la vida con los hermanos de comunidad con los que compartimos cada día que va pasando, por el bien realizado a tanta gente que vamos encontrando en el camino, sobre todo los que van siendo motivo de nuestro quehacer pastoral. Es oportuno también decir ¡perdón!, porque pude ser mejor en mi servicio liberador, porque pude ser mejor religioso mercedario.

Comenzar un año nuevo, sin olvidar la historia, posibilita continuar construyendo lo avanzado, y pensar creativamente impulsar nuevos proyectos que refuercen lo que ya se ha ganado. Pensar positivamente como piensan, creo, los grandes emprendedores, “apostar  siempre con  las ganancias y nunca con las pérdidas”.

Al dar una mirada al pasado de nuestra Orden, no podemos soslayar aquel momento solemne cuando nuestra Madre, la Virgen María de la merced, inspira a nuestro padre San Pedro Nolasco la fundación de  nuestra Orden para ir a  visitar y liberar a quienes se encontraban cautivos, en riesgo de perder la fe. Podríamos seguramente advertir aquellos sentimientos y pensamientos de una madre afligida, preocupada por los hijos oprimidos, sometidos en las mazmorras por parte de los musulmanes queriendo arrebatarles la fe en Cristo Redentor, queriendo separarlos de su Hijo amado a quien le había encargado assistir maternalmente.

Ahí está ella, como madre de misericordia, como madre del amor divino, asumiendo su papel de corredentora, como socia del Hijo que, desde el suplicio de la Cruz le dirá: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Jn 19,26). Un encargo que quedó grabado en su mente y corazón, y que asumió hasta el extremo de ser capaz de soportar aquella imagen lacerada del Hijo que pendía en la cruz.

Al escribir esta carta pienso  en la solicitud que la Virgen hiciera  a nuestro padre San Pedro Nolasco. Y, que sigue haciendo a quienes tenemos el encargo de continuar esta obra de la redención de los cautivos. Pienso en la necesidad de tener la capacidad de descubrir a esos cautivos de hoy que quebrantan su corazón de Madre. Creo que quienes tenemos el encargo de dirigir, animar hoy en día la misión redentora de la Orden, es fundamental profundizar con juicio crítico y práctico si lo que estamos realizando responde a la misión originalmente encomendada. Y si es el caso, continuar adelante con más ímpetu para lograr mayores y mejores  resultados.

En Madrid existe un medio de comunicación llamado ALFA Y OMEGA, que el 13 de julio,  me preguntaban si aún nuestro carisma es vigente, a lo cual, respondí  que sí; la Orden de la Mereced es más vigente que nunca. La pregunta concreta era en estos términos: Originalmente su carisma era la redención de los cautivos, y se atendió a muchos cristianos presos por los musulmanes. En la actualidad, sigue habiendo cristianos encarcelados por su fe. ¿Se les ayuda de algún modo? A lo cual he respondido que: “en el trabajo pastoral con migrantes, en la pastoral penitenciaria se van encontrando personas que viven desgraciadamente cierta persecución por la fe. Se les anima, se les alienta y se les procura la ayuda necesaria. Aunque, ciertamente, tenemos que diferenciar más la atención a quienes, en distintos lugares, se ven perseguidos por motivos de la profesión de la fe cristiana. Es un reto que tenemos que afrontar con mayor, y mejor proyección mercedaria”.

Estoy convencido que en los distintos lugares donde se está ejerciendo nuestro carisma liberador, se realiza en concreto la misión redentora. Hoy en día, sobre todo por la movilidad humana, que cada vez se hace más universal, se va haciendo urgente asistir a tantas personas que requieren de motivación en la fe, ante tanta agresión y violación de los derechos humanos. No podemos quedarnos callados ante tantos actos de abuso, discriminación, y manipulación de las conciencias mediante ideologías que destruyen la vida, corrompen corazones, y degradan la condición de  personas humanas y cristianas.

Nuestra misión fundamental en la Iglesia es la difusión del Evangelio. Me parece contundente el mensaje que el Papa da con la Constitución Apostólica “Praedicate Evangelium”. ”Predicad el Evangelio” (cf. Mc 16, 15; Mt 10, 7-8). Y sí, la base fundamental como religiosos en la Iglesia es la fe. Nuestras Constituciones así también lo confirman. Ante las nuevas formas de esclavitud “social, política y psicológica, que derivan en última instancia del pecado y que resultan para la fe de los cristianos tan perniciosas como la esclavitud y cautividad de otros tiempos .Por eso, nuestra Orden se compromete testimoniar la Buena Nueva de amor y redención que ha hecho presente desde el comienzo de la historia” (COM 5). Hace poco tiempo tuve la oportunidad de leer, de conocer, el resultado de una consulta sobre el Sínodo, llevado a cabo por el P. Florencio Roselló Avellanas, hermano nuestro de la Provincia de Aragón, Director del Departamento de Pastoral Penitenciaria y la atención juvenil Tutelada, Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social, y me impresionaba la expresión contundente de tantos presos que agradecían tenerlos en cuenta en la Iglesia. Cómo se sentían Iglesia viviendo la fe desde su realidad de encarcelados; cómo sienten que la fe libera, que la Iglesia es instrumento de salvación, de liberación. Esta experiencia de las cárceles, seguramente se replica en las misiones, en las casas de acogimiento de migrantes, de niños de la calle, de tóxico dependientes, de víctimas de la violencia, de trata de blancas, etc.

Ahí está la merced de Dios, realizando obras de liberación concreta. Al enterarme de tantas obras de amor, de misericordia, llevadas a cabo por  hermanos religiosos, sacerdotes, religiosas y  laicos comprometidos en el mundo de las diferentes provincias de la Orden y de la Familia Mercedaria; en Europa, en Asia, en Europa, en América Latina y el Caribe, en Norte América, etc.  tengo que decir, tenemos que decir: “¡gracias Señor! porque nos permites ser instrumentos de tu amor misericordioso”.

De cara al Sínodo de los Obispos de 2023, se han ido realizando consultas en todos los ámbitos de la Iglesia. Del 25-27 de mayo, se llevó a cabo la 97ª. Asamblea de Superiores Generales con el tema de Sinodalidad y Misión. Se escucharon los informes detallados de las respuestas a la consulta de las religiosas y religiosos de todo el mundo. Se expresó al Papa el sentimiento de todos los religiosos diciéndole que acogemos con satisfacción el trabajo realizado, que en sí mismo ha sido un ejemplo de sinodalidad. Que reconocemos la llamada a una “conversión sinodal” a la que todos debemos responder y mirarnos al futuro  con esperanza, con el deseo de que este Sínodo, sea un tiempo de “auténtico discernimiento espiritual” que permita a la Iglesia “cooperar más eficazmente con la obra de Dios en la historia” y dar a la Iglesia la forma y la dirección que necesita para ser fiel a su llamada y misión en el mundo ahora y en el futuro (Cf. Carta de los Superiores Generales participantes en la 97ª. Asamblea de la UIG).

Pensando en vivir místicamente y en acciones concretas la sinodalidad en la Iglesia, particularmente en la Orden, el pasado 9 de Julio nos hemos reunido el P. Reginaldo y yo, con el Superior General de los religiosos  Escalabrínianos, P. Lionir Chiarello  y religiosos encargados de vicariatos diocesanos sobre movilidad humana y Pastoral Penitenciaria, con el fin de ver la posibilidad de llevar a cabo algunos trabajos en colaboración inter congregacional, teniendo en cuenta que en varios países se desarrollan trabajos similares que, seguramente en colaboración mutua, podrían generar mayores y mejores resultados. Ya habrá la oportunidad de dialogar y plantear ésta posibilidad a nivel Orden en alguna reunión de Consejo de Provinciales,  que en su momento, se dará a  conocer  el cómo, cuándo y dónde.

Que el Señor, por intercesión de nuestra Madre la Virgen María y de nuestro padre San Pedro Nolasco,  nos conceda la gracia de ir descubriendo paulatinamente su voluntad en bien de los cautivos de nuestro tiempo.

Puebla, Méx., a 10 de agosto de 2022, a los 804 años de la fundación de la Orden.

 

Cordialmente en Cristo Redentor:

 

Fr. Leoncio Osvaldo Vivar Martínez, O. de M.

Maestro General

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Sábado, 09 Julio 2022

¡Por la Merced que es nuestra gloria, al servicio de los cautivos!

 

Prot. 11 MG/ 2022

 

Objeto: Fiesta de Cristo Redentor

A TODA LA ORDEN Y FAMILIA MERCEDARIA

Mis amados hermanos:

 “Los mercedarios tenemos como maestro y modelo a Cristo Redentor que con su muerte nos ha liberado de toda esclavitud y estamos dispuestos a  seguirlo sacrificando hasta la propia vida en el ejercicio del ministerio redentor” (COM 6). En actitud contemplativa dirijimos nuestra mirada a Cristo Redentor, agradeciendo el don de la libertad de los hijos de Dios. Suplicando que nos libre siempre de las ataduras de tantas esclavitudes que permanentemente amenazan nuestra vida consagrada. Que nos siga concediendo la gracia de  seguirlo efectivamente, fielmente,  “sacrificando hasta la propia vida en el ejercicio del ministerio redentor”.

Con el sacrificio redentor de Jesucristo, el ser humano ha sido rescatado de la ruina eterna. Se ha manifestado el amor misericordioso de Dios, que como Padre, envía a su Hijo amado para que encarnado en nuestra naturaleza se comience una nueva humanidad. Es lamentable que a pesar del infinito amor de Dios por la humanidad, presente en la historia humana, haya tanta resistencia para que reine la justicia y la paz. Pero Dios no se cansa de manifestar su amor y ternura, por lo que a través de la historia, mediante las manifestaciones del Espíritu Santo,  va suscitando a hombres y mujeres para que se reconstruya lo que por tantas situaciones de perversión humana se va quebrantando. En ese sentido, la Virgen María, la esposa del Espíritu Santo, la llena de la gracia divina, inspiró a nuestro santo padre Pedro Nolasco para que fundara una  Orden en favor del rescate de los cristianos que estaban en riesgo de perder la fe, de tal manera que los cautivos se convirtieron en el lugar teológico donde él  pudo encontrarse sensiblemente  con el Cristo sufriente, con los esclavos de su tiempo. En el ejercicio del ministerio redentor nos vamos dando cuenta de la vigencia carismática de nuestra Orden; en la medida en que se siga realizando con generosa entrega, podemos seguir siendo instrumentos del amor misericordioso de Dios, y muchos  podrán sentirse atraídos para venir a integrarse al olivo de Nolasco para seguir realizando esta gran obra de misericordia.

Para seguir contribuyendo en la obra de redención, y no claudicar en los momentos de la fatiga, es fundamental acudir fervorosamente a la fuente suprema de la gracia. La vida litúrgica debe ocupar un lugar privilegiado para todos nosotros los consagrados, sobre todo la liturgia eucarística. Hay que tener en cuenta que justamente es en ella, en la que se actualiza el sacrificio redentor de Jesucristo. De cuerdo a nuestras Constituciones “Participmos diariamente de la Eucristía, fuente y cima de la vida cristiana, ofreciendo la víctima divina y ofreciéndonos con ella y nos acercamos a comer la Cena del Señor, signo eficaz  de la unidad del pueblo de Dios vínculo de nuestra comunión fraterna” ( COM 47)“Nuestros scerdotes procuren celebrar cada día y devotamente; y los demás religiosos participen plenamente en él con la recepción del cuerpo santísimo de Cristo”(COM 48)). Seguramente que en la experiencia espiritual de cada quien, cuánto gozo, cuanta alegría emerge en el alma al sentirse fortalecidos, llenos de la gracia divina que renueva una y otra vez las ganas de vivir y hacer vivir a cuantos se lamentan por estar padeciendo síntomas diversos  de muerte. La oferta más grande que podemos compartir en los trabajos pastorales, ya dígase la parroquia, la escuela, la casa de acogida, la cárcel, en las misiones,  es precisamente la fe, como el tesoro preciado por quien san Pedro Nolasco empeñó su vida y los bienes. 

Es tremendamente alagador escuchar a un hermano, a una hermana expresar su agradecimiento porque encontró en el acercamiento a la Iglesia, en la vivencia de la fe, en la vivencia  de los sacramentos un nuevo respiro ante las dificultades padecidas. Para quienes, la relación con Dios mediante la oración, mediante los sacramentos, llenó aquel vacío que les quitaba el sentido de la la vida.

Por tanto, no bastan los buenos planes, las buenas programaciones, los buenos proyectos, es fundamental contar con la fuerza divina que nos da la orción, que nos dan los sacramentos. Hay que darle tiempo a la oración, no es restarle atención a los cautivos, es ganar fortaleza para tener mayor disposción para estar con ellos. A veces pensamos que hay tanto por hacer que no hay tiempo para la oración, lo cual es un error porque, en la medida en que sólo se cuente las fuerzas humanas nada trascendente queda por hacer.

Les animo pues, a buscar siempre tiempo para la oración, y desde la gracia de Dios realizar todas las actividades ministeriales. Es la posibilidad de estar en comunión con Dios y en comunión con los hermanos, sobre todo en la Eucaristía.

El  evangelista san Juan nos narra que "junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena" (Jn 19, 25). Ahí está ella, junto a la cruz de Jesús, acompañando fielmente a su Hijo amado uniéndose al sacrificio de la redención.  Al hablar de Crito Redentor, sería injusto pasar por alto la presencia elocuente de la Virgen María, quien vive en carne propia el drama mismo de la redención. Por eso con actitud agradecida, podemos decirle, como continuamente recitamos al término de cada día en el rezo de completas: Madre del Redentor, Virgen fecunda puerta del cielo siempre abierta, estrella del mar ven a librar al pueblo que tropieza y se quiere levantar. Ante la admiración de cielo y tierra, engendraste a tu santo creador y permaneces siempre Virgen, recibe el saludo del Angel Gabriel y ten piedad de nosotros pecadores. Amén.

 

Curia General, Roma,  a 9 de julio de 2022 y 803 años de la fundación de la Orden.

 

 

Fr. Osvaldo Vivar Martínez, O. de M.

MAESTRO GENERAL

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Domingo, 22 Mayo 2022

       ¡ Por la Mereced que es nuestra gloria, siempre al servicio de los cautivos!

 

Prot.MG 1/2022

 

A todos los religiosos de la Orden y Familia Mercedaria.

Mis amados hermanos:

“Que la gracia del Señor Jesuscristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes” (2Cor. 13,14).

     Con este  saludo paulino me dirijo a todos ustedes, deseando que efectivamente, la gracia de Nuestro Señor Jesucristo les asista siempre, en la búsqueda de crecer en santidad, cumpliendo fielmente con el encargo de ejercer la caridad hacia los necesitados del amor misericordioso de Dios.

     Antes que nada, quiero agradecer a nombre de todos los religiosos de la Orden, el servicio que como Maestro General, ha realizado el P. Juan Carlos Saavedra Lucho. Gracias por su disposición y servicio en bien de la Orden y de los destinatarios de nuestro ministerio liberador. Gracias también al P. Manuel Antonio Anglés Herrero por formar parte del Gobierno General anterior como Consejero y particularmente como Secretario. Que Dios nuestro Señor les recompense por su gran bondad y servicio.

     Asimismo, quiero agradecer a los  Consejeros del nuevo gobierno: Fr. Damaso Masabo, Fr. Reginaldo Roberto Luiz, Fr. Luis  Eduardo Navas  Guerrero y  Fr.  Víctor Sundar Raj, que conmigo, se disponen a compartir el reto de animar y acompañar  a toda la Orden en el presente sexenio que va de mayo de 2022 a mayo de 2028.

     El lema que nos ha acompañado antes, y durante el capítulo ha sido: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2,5). Deseo que siga resonando en la mente y corazón de todos los religiosos de la  Orden y de la Familia Mercedaria.

     Con estas palabras que brotaron del corazón de la Virgen María, Madre de Jesús y Madre nuestra ante la inminente posibilidad de arruinarse la fiesta de las bodas de Caná de Galilea, hemos agradecido a Dios que por su infinita bondad, nos permitió reunirnos en la casa de espiritualidad de Santa María Bambina, apelando a la vez, a la intercesión de San Pedro Nolasco, nuestro padre, que como fundador, nos ha legado el gran testimonio de amor a Dios y seguimiento fidelísimo a nuestro Señor Jesucristo, maestro y modelo de redención del género humano, en los términos como lo consignan las constituciones de nuestra Orden: “Siguiendo a San Pedro Nolasco e iluminados por su carisma, los mercedarios creemos que nuestra misión redentora pertenece a la naturaleza de la Orden y la ejercemos en nombre de la Iglesia, desde una íntima comunicación con Dios y una real encarnación en las necesidades de los hombres”.

     “Para cumplir esta misión, impulsados por la caridad, nos consagramos a Dios con un voto particular, llamado de Redención, en virtud del cual prometemos dar la vida como Cristo la dio por nosotros, si fuera necesario, para salvar a los cristianos que se encuentran en extremo peligro de perder su fe, en las nuevas formas de cautividad” (COM 13 y 14).

     En representación de toda la Orden, nos hemos congregado en Capítulo General, para celebrar nuestra vida fraterna desde la fe, conscientes que lo que hemos vivido ha sido justamente un acontecimiento pascual. Seguramente que todos hemos  experimentado la presencia de Cristo que resucitado, nos libera de nuestros temores y nos da su paz; que, como al Apóstol Tomás, nos ha mostrado los signos de su pasión como certeza  que la muerte no tiene la última palabra, sino más bien la vida; y así, desde la fe, hemos compartido las  experiencias de trabajo liberador en las distintas partes en donde la providencia nos ha colocado,  brindando auxilio y consuelo a los hermanos que se encuentran necesitados del amor misericordioso de Dios, haciendo las veces de Jesús que atiende complacido a quienes viven carentes de la libertad de los hijos de Dios.  En estos días, puestos en oración, nos hemos  dirigiendo a Él en actitud de agradecimiento por todas las obras buenas que hemos realizado, al tiempo que también pedimos perdón por aquello que, o no realizamos  o  hicimos mal. No somos perfectos, lo sabemos. Por eso, una y otra vez, nos confiamos a su divina misericordia que hace siempre cosas nuevas  en nosotros.

     Hemos  pensado juntos hacia donde queremos seguir caminando.  Hemos elaborado un objetivo común, que debe orientar puntualmente nuestros planes de trabajo a nivel de la Orden, a nivel de las provincias, a nivel de las vicarías y de las delegaciones y, desde él, se han elaborado objetivos específicos en las diferentes áreas en las que se desarrolla nuestra vida como consagrados en  la Vida religiosa, en el  Área de Vocaciones  

     Se realizó también, la elección del nuevo Gobierno General,  justamente en el día de la fiesta de nuestro Santo Padre. Fiesta que nos remite siempre,, no sólo hacer memoria agradecida, sino también profecía afrontando el reto de hacer real el carisma liberador ante las nuevas formas de cautividad. Actitud profética que nos compromete a redescubrir en lo concreto lo que él haría si físicamente estuviera presente en nuestro tiempo.

     La realidad que estamos viviendo hoy en día en el mundo, en tiempos de la posmodernidad  ha hecho aparecer un ambiente de gran confusión, de ambigüedad, de egoísmo, de individualismo, de relativismo, de pérdida de principios y de valores, de inseguridad y de gran temor, hasta el punto de perder no sólo la tranquilidad sino también la vida. Y, los peor azotados son precisamente los más vulnerables de la historia: los pobres, los migrantes, los niños de la calle, los explotados en todas sus formas, etc., pero, como religiosos mercedarios, como portadores del bien y de la esperanza, no nos apanicamos. Por el contrario, ante la humanidad que padece las nuevas esclavitudes tan diversas,  nuestra Orden pretende ser fuego que encienda otros fuegos (Mons. José Rodríguez Carballo, Secretario de la Congregación de la Vida Religiosa y Sociedades de Vida Apostócica), ser luz en medio de tanta oscuridad, ser motivo de esperanza.

     Días atrás,  leí un artículo del periodista Marco Frojo, que intitulaba “Pandemia e non solo: Gli italiani nella “spirale dell´interrregno”, en donde decía que los italianos están atravesando una fase muy complicada. Son conscientes de estar en un momento de profundo cambio de la sociedad sin conocer la dirección tomada. Las ganas de recomenzar están presentes pero, al mismo tiempo domina la incerteza, el miedo, la rabia. El término de inter reino lo toma prestado, dice, de Antonio Grasci que en el cuaderno de la cárcel escribe: “La crisis consiste a punto en el hecho que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer: en este inter-reino se verifican los fenómenos morbosos más diversos”. Hermanos: me atrevo a pensar que esta experiencia es generalizada, es decir, es la sensación en cualquier parte del mundo. La realidad es global. Ante esta situación, les exhorto a ser creativos para ofertar una respuesta carismática mercedaria en el mundo de hoy. No estamos obligados a resolver todas las cautividades del mundo, pero lo que podamos hacer o seguir haciendo, de tal manera debe ser significativo que haga fermentar la levadura de la esperanza en bien de toda la humanidad. Que Dios nos conceda su gracia para poder realizarlo.

     Les exhorto para que de cara al futuro de nuestra Orden en el nuevo sexenio, seamos reflexivos para conocer la verdad de la realidad que hoy en día tenemos en nuestra Orden, pero que seamos más todavía contemplativos, para descubrir desde la experiencia íntima de Dios, desde las mociones del Espíritu Santo  la voluntad de Dios.  Que sea el punto de partida.

     Que ante las amenazas que pudieran paralizarnos, escuchemos la voz de Jesús que nos alienta como lo hiciera con los discípulos que sentían que podían hundirse irremediablemente: “¡Tranquilos! Soy yo. No tengan miedo” (Mt 14, 27). Así entonces, teniendo a Jesús al centro de nuestra vida, de nuestro servicio, tengamos la seguridad de que podremos salir siempre adelante a pesar de los grandes riesgos que pudieran presentarse  en nuestro camino.

     Que Dios nuestro Señor, por intercesión de nuestra Madre la Virgen María de la Merced, y por la intercesión de San Pedro Nolasco nuestro padre, podamos llegar a feliz puerto haciendo grandes obras, en bien de los cautivos de nuestro tiempo.

 

Roma, a 22 de Mayo de 2022, a los 803 años de la fundación de la Orden de la Bienvaenturada Virgen María de la Merced.

 

 

Fr. Leoncio Osvaldo VIVAR MARTÍNEZ, O. de M.

MAESTRO GENERAL

 

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Jueves, 02 Agosto 2018

 

Con Cristo Redentor, María de la Merced y san Pedro Nolasco en fraternidad y servicio.

Prot. 55/2018.

 

 

FELIZ DÍA DE LA FUNDACIÓN DE LA ORDEN 800 AÑOS DE REDENCIÓN

 

A todos los Obispos,

PP. Provinciales, Vicarios y Delegados,

Superiores de las comunidades locales y Religiosos

de la Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced, Monjas y Religiosas de las diversas Instituciones femeninas, miembros de las Fraternidades Laicales,

y pueblo de Dios en camino

 

Desde la casa general, les envío mis saludos jubilares en este tiempo solemne al celebrar la Descensión de nuestra Madre de la Merced, ocurrido entre la noche del 1º al 2º de agosto de 1218, revalorando así nuestras - tradiciones mercedarias - que nos invitan a pensar en la presencia de Dios Uno y Trino y de la Virgen María en el acontecer de nuestra Orden. Qué hermoso hacer reminiscencia del momento dialógico-relacional, narrativo-carismático, catequético y pedagógico, por el cual, se establece la comunicación inspiradora entre la Madre de Dios y Pedro Nolasco, quien encarnando el evangelio de la libertad fundó la Orden de la Merced, el 10 de agosto de 1218, en Barcelona, España.

 

Unidos en fraternidad, a través de las vigilias que fueron preparadas en las diversas comunidades de interacción eclesial, les agradezco de corazón todos los esfuerzos realizados hasta hoy para celebrar con gozo y alegría el Jubileo de La Merced 2018. Gracias por los saludos enviados y por las oraciones que elevan por nosotros cada día; no cabe duda, que todo ello edifica y fortalece nuestro espíritu redentor para seguir sirviendo y contemplando la compasión de Dios en la vida de los cautivos y redimidos de nuestro tiempo.

 

En esta ocasión, traigo a la memoria algunas frases del poema titulado: A Nuestra Señora de las Mercedes, escritas por don Andrés Bello, poeta, humanista y literato venezolano quien hacía alusión a este evento eclesial:

 

Saludad, pobres cautivos,

a la Virgen redentora:

alce cánticos festivos a la devota cristiandad.

 

¡Oh, qué hermoso brilla el día

con que al mundo su bandera,

que a los cielos da alegría,

trémolo de caridad!

 

¡Virgen, Madre! Tú a la vida,

tú a la fe que desfallece,


 

 

de peligros combatida,

te dignaste socorrer.

 

… Abrasado en santo celo se desvela el gran Nolasco

y postrado ruega al cielo por la opresa humanidad…

 

En la Orden que fundaste alimenta la encendida caridad

con que abrasaste de Nolasco el corazón,

y en el lance pavoroso de la hora postrimera,

danos ver tu rostro hermoso, prenda fiel de salvación.

 

De esta manera, estimada familia mercedaria expreso mi acción de gracias a Dios por la vida eclesial de cada uno de ustedes al celebrar los 800 Años de la fundación y la misión compartida de la obra carismático-redentora de Nolasco, centrada en el Cuarto Voto de la redención de los cautivos cristianos en peligro de perder su fe (cf. COM 4,9,16).

 

Como podemos apreciar, han pasado ocho siglos de historia, tradición, carisma, espiritualidad y evangelización desde que fue fundada nuestra Orden, por ello, celebrar el evento fundacional es un momento de gracia, oración y fiesta fraterna; por el cual los mercedarios vivimos la sinodalidad y colegialidad eclesial expresada en la unidad y la  comunión con Dios y los hermanos.

 

En esta oportunidad, les animo a revalorar las vías de la Creación, de la Encarnación y de la Redención, que consolidan nuestro ser y quehacer como Iglesia misionera en camino. Ellas, nos ayudan a contemplar a Dios Amor, al Hijo Amado y al Espíritu amante, por el cual se complementan los tres amores del mercedario, que son: Cristo Redentor, María de la Merced y Pedro Nolasco, los cuales en palabras del Papa Francisco representan y resaltan “a tres protagonistas de nuestra historia que pueden significar tres momentos de respuesta al amor de Dios”, tal como lo anotaba en su saludo jubilar a la Orden, el día 6 de diciembre de 2017.

 

Como pueden ver, el marco celebrativo del Año jubilar nos permite pensar en la acción dinámica de Dios en nuestra historia, por el cual hemos encarnado el “misterio” y la “profecía” del mismo Jesús, al dar la vida por los hermanos (cf. Jn 15,13; 1 Jn 3,16). En este sentido, los mercedarios nos consagramos a Dios para - visitar, servir y liberar - a todo aquél que se encuentra inmerso en las “Nuevas formas de cautividad”, que a la vez, delinean el horizonte redentor, según el espíritu de nuestras constituciones (cf. COM 16).

En estas líneas de pensamiento, debemos tener en cuenta que La Orden de la Merced es “misterio” y “ministerio”:

 

a)      Misterio es la gratuidad del Padre de la Misericordia que en amor trinitario quiso fundar nuestra Orden. Ministerio es el quehacer carismático de La Merced y los mercedarios de ayer, hoy y siempre.

 

b)      Misterio es el don encarnado de Dios Hijo que entregó su vida por nosotros en la cruz, hasta que nos regaló el signo de la Resurrección para dar vida en abundancia. Ministerio es la oración, servicio y compromiso del mercedario quien sigue anunciando a Jesús y su evangelio en los caminos álgidos y difíciles de la redención.

 

c)      Misterio es la persona de María de la Merced, elegida por Dios para un rol específico en la historia de la Orden y en la economía de la salvación. Ministerio es la clave de lectura, discernimiento, interpretación y acción generosa de todo mercedario que inspirándose en la obra de Nolasco y en la advocación de la Merced entrega su vida consagrada al servicio de los más necesitados.

 

d)      Misterio es reconocer el gran evento divino que hizo posible la elección de nuestro fundador, servidor y adelantador Pedro Nolasco para “Visitar y Redimir” a los cautivos de su tiempo (cf. Proemio, constituciones amerianas, 1272). Ministerio es la vida profética y transparente en el espíritu del joven Nolasco y de cada mercedario que siguiendo las huellas de Jesús apuesta por la libertad de los cautivos y entrega su vida promocionando la dignidad humana de los hijos de Dios.

 

Reunidos en el nombre del Señor, les auguro buenas celebraciones litúrgicas para seguir sembrando semillas de libertad entre los más desplazados de nuestro siglo XXI. Felicidades para todos, que sigan disfrutando de La Merced de ayer, hoy y siempre, vivan con intensidad las fiestas jubilares, los invito a seguir cultivando la fe, la esperanza y la caridad, promuevan las vocaciones sacerdotales y religiosas, sean siempre profetas de redención ¡No se cansen de evangelizar! estoy seguro que Cristo Redentor iluminará vuestras vidas, tengan siempre presente a nuestra Madre de la Merced, Ella es la transparencia en el espíritu y seguirá siendo el modelo de joven, virgen, mujer, Madre y discípula fiel en la hora de la fiesta y en el momento límite de la cruz, que los beatos y santos mercedarios los acompañen en el camino evangelizador.

 

Me despido de ustedes con alegría eucarístico-redentora, observen el pasado con gloria en su vasto acontecer, vivan el presente con animación cotidiana y preparen el futuro con signos de esperanza para dar continuidad a la obra que inició nuestro fundador.

 

Que el anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo sea siempre un gran signo de La Merced de Dios para la humanidad que necesita de la salvación.

 

¡Feliz día de la fundación y bendiciones para todos!

 

¡Gloria y honor a Cristo Redentor!

Con María y Nolasco seremos evangelio, camino y verdad

redentores de nuevos cautivos,

¡Libres para liberar!

 

Roma, 2 de agosto de 2018, Año Jubilar Mercedario, a los 800 Años de la fundación de la Orden de la Merced.

 

 

P. Fr. Juan Carlos Saavedra Lucho, O. de M.

Maestro general

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Jueves, 05 Julio 2018

CRÓNICA DE LA TOMA DE POSESIÓN DE MONSEÑOR ALBERTO VERA ARÉJULA O. de M. COMO OBISPO DE NACALA (MOZAMBIQUE)

 

A las 8.45 horas del 1 de julio de 2018 dio comienzo la procesión de entrada en la celebración litúrgica de la toma de posesión de monseñor Alberto Vera, obispo de Nacala.

Presidió la celebración S. E. Rvdma. el nuncio apostólico en Mozambique monseñor Edgar Peña Parra. A su lado el anterior y primer obispo de Nacala S. E. Rvdma monseñor Germán Grachane C.M. Diez obispos acompañaban a monseñor Alberto Vera.  Entre ellos el arzobispo de Nampula metropolitana de Nacala; el arzobispo de Maputo y presidente de la Conferencia Episcopal de Mozambique monseñor Francisco Chimollo; el obispo de Xai Xai monseñor Lucio Andrice Muandula; más de 100 sacerdotes diocesanos y misioneros. También los religiosos mercedarios fr. Filipe Gabriel Congolo, fr. Alexandre Domingos Honwana y fr. Manuel Anglés llegado de Roma representando al Maestro general fr. Juan Carlos Saavedra Lucho.

Tomó la palabra el señor nuncio para saludar a la asamblea y pedir que se leyeran las letras apostólicas. Una vez leídas fueron presentadas a los obispos asistentes por el secretario de la nunciatura monseñor Cristiano Antoniutti.  El señor nuncio entregó a monseñor Alberto Vera el báculo signo del Buen Pastor y le invito a sentarse en la catedra episcopal signo del munus docendi, enseñar y predicar la palabra de Dios. También la entrega de la llave de la catedral de manos de su antecesor monseñor Germán; tras la cual se fundieron en un fuerte y afectuoso abrazo. Sentado en la catedra recibió la obediencia del cuerpo presbiteral representado por los sacerdotes diocesanos presentes; después las religiosas y un grupo representantes de los laicos.

 Una vez ya puesto en la presidencia se continuó la celebración como de costumbre en este domingo 13 del tiempo ordinario. Predicó el nuevo pastor diocesano. En su homilía gloso las lecturas proclamadas y el salmo que aplicó a su propia vida y misión. Un segundo aspecto que glosó fue la pregunta que se le formuló en su ordenación episcopal: ¿quieres consagrarte hasta la muerte en el ministerio episcopal.? Sí, quiero. Y este aspecto lo vinculó a su consagración mercedaria y el cuarto voto de redención, de dar la vida.

 Tras la comunión se leyeron algunos mensajes y también monseñor Alberto Vera agradeció en primer lugar a Dios, al papa Francisco, a los obispos presentes, a los sacerdotes y religiosas y tuvo palabras muy emotivas hacia la orden de la Merced, el maestro general y su provincia de Aragón que en el año 2000 se lanzó a la aventura misionera en Mozambique. Agradeció a las comunidades de Maputo y Xai Xai donde ha aprendido a ser buen pastor y a los obispos D. Lucio del que ha sido durante tres años auxiliar de Xai Xai y D. Germán su antecesor en Nacala de los que tanto ha aprendido.

A continuación, el canciller secretario del obispado leyó el acta de la toma de posesión e invitó a firmarla a monseñor Alberto Vera, nuncio apostólico, obispos concelebrantes y en nombre de la Orden de la Merced fr. Manuel Angles.

Eran las 13.30 cuando concluyó la celebración y obispos y sacerdotes acompañados por el pueblo fiel entre cantos gozosos regresaron a la casa del obispo donde se despojaron de las vestiduras litúrgicas y con los participantes en la celebración se dirigieron a la parroquia de San Juan Bautista donde continuaron dando gracias a Dios en torno a la mesa de la fraternidad

Fr. Manuel Anglés

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Martes, 16 Enero 2018

Mensaje del P. Fr. Juan Carlos Saavedra Lucho, Maestro general,

a toda la Orden y Familia Mercedaria con motivo de la Apertura del Año jubilar

de la Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced.

 

LA MERCED: 800 AÑOS

SIGNO DE REDENCIÓN, GRACIA Y BENDICIÓN

 

A todos los Obispos Mercedarios, Religiosos de la Orden de la Merced, Monjas de clausura y Religiosas

de los diversos Institutos de Vida Consagrada Mercedaria,

Miembros de las Fraternidades Laicales Mercedarias, Hermanas y hermanos destinatarios de nuestro carisma redentor y Pueblo de Dios.

 

 

¡Alégrate familia mercedaria, porque Dios ha visitado y redimido a su pueblo!

 

1.  Redención, gracia  y  bendición son  las  palabras que  resumen mi  acción  de gracias a Dios al celebrar el Jubileo Mercedario 2018. Con significativa alegría y gozo espiritual junto a mis hermanos de hábito que conforman y comparten los roles, oficios y experiencias de servicio y gobierno general, saludamos a todos ustedes en este tiempo de gracia y salvación que Dios nos regala al celebrar el Octavo  centenario  de  la  fundación  de  nuestra  Orden  de  la  Bienaventurada Virgen María de la Merced (cf. Constituciones de la Orden (=COM), 2 y 5)

 

2.  Puesto que “La Merced: 800 Años”, nos permite recordar el acontecer de la Orden y su misión en la Iglesia, demos gracias a la Santísima Trinidad al haber elegido y constituido “servidor, mensajero y fundador y adelantador a fray Pedro Nolasco” (Proemio de las Constituciones amerianas, de 1272); el cual, por amor a los cautivos cristianos en peligro de perder su fe, consolidó el 10 de agosto de 1218 esta obra de redención y misericordia bajo la protección maternal de la Virgen María de la Merced, en el altar de santa Eulalia, de la Catedral de Barcelona, España, “con la participación del rey Jaime I de Aragón y ante el obispo de la ciudad, Berenguer de Palou” (COM 2).

 

3.  Como bautizados y consagrados en el Señor, unidos en la oración, trabajo, estudio y vida común (cf. COM 25), nos sentimos alegres de compartir con ustedes los eventos del Año del Jubileo 2018, con la certeza y disponibilidad de seguir anunciando el evangelio de la libertad a los más necesitados de nuestros pueblos. Siguiendo las huellas de Cristo Redentor, maestro y modelo de todos los mercedarios (cf. COM 6), les invito a profundizar y asimilar las tres dimensiones o caminos que recrean nuestra historia, carisma y espiritualidad redentora; es decir: la vía de la Verdad, de la Belleza y del Espíritu, que perfilan nuestro ser y quehacer mercedario en el mundo entre los principios teológicos de la Creación, Encarnación y Redención por los hijos de Dios (cf. COM 9 y16).

 

4.  En este sentido, agradezco el esfuerzo de todos ustedes por el hecho de haber llevado adelante los proyectos propuestos por los últimos gobiernos generales de la Orden y de los miembros de la Comisión preparatoria del jubileo quienes durante los años 2012 al 2014 hicieron posible las Campañas del Logotipo, Oración e Himno jubilar, los cuales nos han ayudado a la integración como Familia mercedaria que celebra este evento eclesial e internacional. Así mismo, debo agradecer por todo lo que hicieron durante los años 2015 al 2017, al celebrar el Año de san Pedro Nolasco, de María de la Merced y de Cristo Redentor, que marcaron un trienio de preparación jubilar mediante la reflexión e interacción hacia las fiestas centrales de los ocho siglos de la fundación de la Orden que ahora iniciamos, compartimos y desarrollamos.

 

5.  Unidos a la diversidad de programas y eventos que se realizarán durante este tiempo jubilar, les invito a tener presente el cronograma central de actividades que tiene como hitos generales lo siguiente:

 

a)  Apertura del Jubileo Mercedario. Acto cultural en la Parroquia de santa María de la Merced y san Adrián y la solemne eucaristía en el Altar de la Cátedra, de la Basílica de san Pedro, entre los días 16 y 17 de enero, en la ciudad  de  Roma-Italia.  De  esta  manera  recordamos  la  Confirmación pontificia de la Orden, otorgada a través de la Bula Devotionis vestrae que extendió el Papa Gregorio IX, en Perugia-Italia, el 17 de enero de 1235.

b)  Fiesta de la Fundación de la Orden. En todas las comunidades de la Orden, Basílicas, templos y capillas se celebrará la eucaristía recordando el día fundacional, el 10 de agosto de 1218.

c)  Mes de Mercedes. Congreso de Historia y espiritualidad, celebración de las Vísperas y la solemne eucaristía dedicada a nuestra Madre de la Merced, en la ciudad de Barcelona-España, entre los días 15 al 24 de setiembre.

d)  Clausura  del  Jubileo.  Actos  culturales  y  celebración  eucarística  en  la Basílica Menor de la Merced de Lima-Perú, el día 17 de enero del año 2019, dando gracias a Dios por todo lo acontecido durante el año jubilar.

 

6.  Para todos estos actos celebrativos y los que se realizarán en cada Provincia y comunidad local, se debe promover la reflexión sobre el Mensaje del Papa Francisco que nos ha enviado al inicio del Jubileo; de la misma manera, es una bonita oportunidad para desarrollar una catequesis sobre la celebración de la Indulgencia plenaria que la Penitenciaría Apostólica ha concedido a toda la Orden y Familia Mercedaria. De esta manera, como peregrinos en búsqueda del Señor hagamos visible nuestra presencia recreando la memoria y profecía en las periferias de la cautividad desde el siglo XIII hasta hoy. Entre otras noticias que han llegado a mi despacho, tenemos en Roma la Audiencia privada con el Santo Padre, el día 6 de diciembre del año en curso, otorgada por la Secretaría del Estado Vaticano.

 

7.  Haciendo una relectura de los signos de los tiempos, ante el hecho de haber llegado la hora solemne de agradecer a Dios por el hecho y significado de La Merced hecha redención, gracia y evangelio, denominado Jubileo Mercedario 2018, les invito a participar en las peregrinaciones mariano-mercedarias acompañando a las imágenes peregrinas de nuestra Madre de la Merced, que representan las nueve Provincias mercedarias en el mundo, las cuales visitarán las comunidades locales durante el presente año, unidos a todos los cautivos y fieles que acompañan el camino de Cristo Redentor, de María y Nolasco, como ejes centrales de nuestra acción evangelizadora en la Iglesia.

 

8. Con signos de unidad, en esta celebre ocasión, les comparto las siguientes reflexiones que han sido fruto de un trabajo en conjunto con mis hermanos: Fr. Emilio Aguirre Herrera, Fr. Giovannino Tolu y Fr. Pablo Bernardo Ordoñe, ex Maestros generales, a quienes solicité algunos pensamientos que nos ayuden a profundizar y valorar este tiempo de fiesta mercedaria en su dimensión cristológico-constitucional, mariológico-mariana y carismático-pastoral.

 

a)  Vía de la Verdad: dimensión cristológico-constitucional

 

9.  Teniendo en cuenta la cercanía espiritual del Papa Francisco entre las líneas de su Mensaje a la Orden, con fecha del 6 de diciembre del 2017, el santo Padre nos invita a ser animadores de la fe en la vida de los fieles hacia una a) renovación interior, b) para impulsar el carisma recibido, y c) seguir el camino espiritual que Cristo Redentor nos ha trazado durante estos siglos de existencia. Su  Santidad  teniendo  en  cuenta  el  principio  bíblico  del  Shemá  (¡Escucha, Israel!) orientado hacia el Amor divino (cf. Dt 6,5), ha querido resaltar a los tres protagonistas de nuestra historia profética mercedaria, a saber: san Pedro Nolasco, María de la Merced y Cristo Redentor.

 

10. Hablando de nuestro fundador manifiesta que su persona, vocación y servicio se hace expresión de una historia de amor que se enraíza en el pasado; pero, que sobre todo se encarna en el presente y se abre al futuro, entre los dones del Espíritu que sigue derramando hoy sobre cada uno de nosotros, de tal manera que en la vocación de Nolasco está el corazón y el tesoro de la Orden. Refiriéndose a la figura maternal de la Virgen Santa, considera como segunda protagonista del triptico a Nuestra Madre de la Merced, como maestra de consagración a Dios y a su pueblo, en la disponibilidad y servicio, totalmente entregada a Dios, en la vida de silencio, oración y la vida oculta, como ejemplo de humildad y compromiso que evoca el sacrificio de todos los redentores mercedarios. En línea cristológica, el Vicario de Cristo enmarca el cuadro de la historia y profecía mercedaria teniendo en cuenta la figura de Cristo Redentor, en  quien  encontramos  el  verdadero  Amor  y  donde  los  redentores  somos partícipes del fuego del riesgo, ponemos las cartas sobre la mesa y apostamos fuerte por la esperanza que no defrauda.

 

11. De  esta  manera,  motivados  por  la  asidua  y  constante  aproximación  a  los principios  y  enseñanzas  de  las  Sagradas  Escrituras,  para  conocer  más  a Jesucristo, nuestro Salvador, los religiosos vivimos la fraternidad comunitaria (cf. COM 22-25) y nos consagramos a Dios por medio de los consejos evangélicos de la pobreza, obediencia y castidad (cf. COM 26-45) y el Cuarto Voto de redención (cf. COM 13-18), que configura nuestra consagración, comunión y misión, ante el hecho de dar la vida si fuere necesario por los hermanos cautivos que sufren las diversas formas de cautividad actual (cf. COM 16).

 

12. Considerando  que  Cristo  Redentor  es  el  centro  de  nuestra  consagración  y predicación tenemos que pensar que este filón fundamental de nuestra Orden nos invita cotidianamente a profundizar y reflexionar sobre la persona de Jesucristo y el evangelio de la libertad, encarnando nuestra vida de redentores al asumir el compromiso, serio y profundo de lo que es y significa redimir a ejemplo del Salvador, asimilando y difundiendo una “actitud mercedaria” como nos piden las Constituciones, siendo capaces de redimir y sintonizar con el cautivo de hoy (cf. COM 18). Se trata, por tanto, en este tiempo de gracia, vivir e interiorizar “un cambio del corazón” en la línea de la conversión, a la luz del mensaje de nuestro proyecto constitucional y de las nuevas situaciones que se están presentando en este mundo líquido, egoísta, globalizado y cambiante.

 

13. No cabe duda, que el mundo nos pide renovarnos, es por ello que surgen algunas reflexiones e interrogantes sobre la relectura de las fuentes, la vuelta al carisma fundacional,  la  actualización  del  mismo;  más  aún,  la  importancia  de  la promoción vocacional, la formación y perseverancia de nuestros candidatos a la vida consagrada, la espiritualidad y la identidad mercedaria en los ministerios apostólicos y su desarrollo en las acciones plenamente liberadoras. En torno a ello, es urgente redescubrir la importancia de nuestra historia, la profundización bíblico-teológica-espiritual y la mirada atenta del acontecer pastoral, sin olvidarnos del  imaginario colectivo de  nuestros fieles y  devotos que  hacen visible un camino de la misericordia de Dios para los hombres. Todo ello, se consolida en los llamados encuentros de formacion inicial y permanente que deben provocar la posibilidad de un análisis del camino de Nolasco en su acontecer eclesial.

 

14. Es  por  ello,  que  resulta  necesaria  la  profundización  de  las  Escrituras,  el Magisterio de la Iglesia y el mensaje de las Constituciones y Normas Generales, así como los objetivos formulados en las nuevas redacciones de los Estatutos Provinciales, los cuales deben integrar en sus formulaciones los pilares fundamentales de la Vida consagrada en el misterio de Cristo y la Iglesia, que inspire y señale, en cada comunidad provincial y para el conjunto de la Orden, un desafío y una urgencia de reflexión, asimilación y puesta en marcha del tesoro carismático-espiritual de la Orden.

 

15. Animados por la lectura asidua de nuestro proyecto constitucional, los animo a repensar estas afirmaciones: “Desde la fundación nuestra Orden siguió a Jesús, haciéndole presente como amigo y redentor entre los cristianos que en poder de los sarracenos y de otros enemigos de nuestra Ley se hallaban expuestos al peligro de perder la fe; así cumplió la palabra del Evangelio: El Espíritu del Señor está sobre mí…; por eso me ha enviado para anunciar la libertad a los cautivos; en ellos supo ver el rostro de Jesús que dirá en el juicio: Estuve en la cárcel y vinisteis a verme” (COM 3; cf. Mt 25,36).

 

16. Por lo tanto, Cristo Redentor se nos presenta a nosotros como la presencia del Padre, cuya voluntad hay que buscar sin descanso, y nos invita a seguirle más de cerca, para que así como Él ha dado la vida por nosotros y con su muerte nos ha liberado del pecado, nosotros viviendo a fondo nuestro carisma liberador, siguiendo el ejemplo de Pedro Nolasco ofrezcamos, alegremente, llenos del Espíritu Santo, nuestras vidas como moneda de rescate por nuestros hermanos que viven privados de libertad y sin esperanza en las nuevas periferias de la cautividad (hermosas y significativas palabras de la oración jubilar).

 

17. Pensando en la realidad de nuestra vida, como mercedarios del siglo XXI ante el compromiso del Evangelio y de nuestras Constituciones, debemos ser exigentes con nosotros mismos en el cumplimiento de lo que se nos pide, para ser capaces de transmitir un estilo de vida más auténtico y atrayente, que sea una invitación para que otros deseen seguir a Cristo según el carisma de la Orden (COM 94). Procuremos hacer de nuestra vida una preciosa ofrenda de amor y un gesto de libertad favoreciendo al hermano cautivo, marginado y  oprimido un tiempo de misericordia hecha redención. Por esta razón, necesitamos convertirnos para encarnar más las exigencias de nuestro cuarto voto, tratando de vivir la vocación universal hacia la santidad para ser santos como nuestro Padre celestial es Santo (cf. Mt 5,48).

  

b)  Vía de la Belleza: dimensión mariológico-mariana

 

18. La via pulchritudinis, de la pureza, santidad y belleza evangélica nos permite reflexionar  sobre  el  valor  bíblico-teológico-mariano-espiritual  que  tiene  la Madre de Dios y de la Iglesia en su constante caminar junto a su Hijo Jesús y los discípulos; por tal motivo, la Iglesia al reconocerla como intercesora que continuamente nos está señalando el camino hacia el Redentor, la invoca como: la Puerta del cielo, la Reina de los ángeles, de todos los santos, de los patriarcas y de los profetas, de los apóstoles y mártires, de los confesores y de las vírgenes. De tal manera, que a través de los siglos la Virgen Madre es modelo de santidad y belleza espiritual para los que siguen el camino de Jesús. Así pues, en estos ocho siglos de nuestra historia hemos enraizado el amor hacia María de la Merced, a quien la llamamos “nuestra Madre”, porque tenemos un sentido de pertenencia eclesial hacia quien “por su intervención en la fundación y vida de la Orden” es llamada Madre de redentores y redimidos (cf. COM 7).

 

19. Gracias a la pluma de los escritores mercedarios, entre tantos hombres y mujeres del espíritu y la sensibilidad del pueblo, hemos integrado en nuestro ser y quehacer evangelizador un valioso vocabulario que designa la presencia materna de la Virgen en el acontecer de la Orden; por ello, la veneramos, invocamos y la describimos con múltiples nombres que pueden llegar a ser una letanía mariano- mercedaria; entre aquellos títulos tenemos: la Abogada, del Buen aire, Comendadora, la Chinita Meche, Dulcísima María de las Mercedes, Estrella de la Fe y de la Evangelización, la Generala, Gloriosísima Virgen María, Gran Mariscala, Guardiana de la ciudad y de la patria, Intercesora del pueblo, Inspiradora, la Generala de Belgrano, la Portera, Madrecita querida, Madre de clemencia, Madre de Dios de la Merced, Madre de Misericordia, Madre de las Mercedes, de los cautivos, de los redentores, Madre nuestra, Madre y Señora nuestra, Mamacha de las Mercedes, Mamita Meche, Redentora del cautivo, Auxilio del cristiano y esperanza del pecador, Nuestra Madre de la Merced, Nuestra Señora de los Remedios, Patrona de la Agricultura, Patrona de las Armas, de las Fuerzas Armadas, Patrona y Auxiliadora, Patrona de los presos, de los reclusos, de los encarcelados, Patrona y Protectora de las Armas de la República, Piadosísima Madre de la Merced, Primera pobladora, Redentora de cautivos, Reina y Madre, Reina y augusta Madre mía de las Mercedes, Santísima Virgen de las Mercedes, Serenísima Reina del cielo, Señora y Abogada Nuestra, Vecina de la ciudad, la Virgen blanca, Virgen de los criollos, Virgen peregrina y Virgen santísima.

 

20. No cabe duda que la nomenclatura mariana es una sumatoria de la fe y devoción que tenemos a la Madre del Redentor. Por ello, consideramos que nuestro fundador fue un verdadero devoto de María, quien a ejemplo del discípulo amado quiso llevarla a su casa (cf. Jn 19, 27), para tenerla en cada convento y recinto mercedario, así como en su mente y corazón en el transcurrir de su vida misionera. Por lo tanto, podemos afirmar que Pedro Nolasco aprendió de la Madre de Dios a realizar obras grandes y humildes al entender la grandeza y la pequeñez de la esclava del Señor (cf. Lc 1,38), de Ella aprendió a orar en silencio y en comunidad y a viabilizar la obra liberadora de Dios entre su pueblo.

 

21. Puesto al servicio de los cautivos, Pedro Nolasco se dio a conocer como un hijo infatigable de María, unido a la plegaria y al discernimiento se despojó de todo lo que tenía y compartió su vida y misión con los más necesitados de su tiempo; fue entonces un signo de visita y redención, de servicio y ayuda de muchos cautivos cristianos e inclusive de quienes no profesaban la fe. Así pues, Nolasco redentor por su inmensa caridad se convirtió en el enviado por la Trinidad para redimir y ser liberador de hermanos, fruto de esta opción de vida inmersa entre las mazmorras, pueblos y ciudades de su época descubrió que el amor por los cautivos era la perla preciosa del Reino de Dios y su justicia (cf. Mt 6,33; 13,46), porque allí encontró a los hermanos de Jesús, los desplazados, sufrientes y   desdichados,  los   privados  de  libertad  que  necesitaban  de  la  infinita misericordia de Dios.

 

22. Diversas fueron las redenciones obradas por nuestro fundador, por ello conoció de cerca la cautividad y el sinsabor de ver que muchos hermanos perdían la dignidad de ser  hijos de Dios; por tal razón, puso a los pies de la Virgen su obra de redención y la llamó Madre de la Merced. Nos entusiasma el hecho que fue él, quien como jóven enamorado de la Madre celestial llamó a María con aquella invocación mariana cuyo significado tiene un valor teológico y espiritual que delinea el aspecto carismático de nuestra Orden en la Iglesia. El título de la Merced señala la unión de dos aspectos fundamentales de la verdadera devoción a María, que son: la oración y la acción, así como el encuentro con Dios y con los  hermanos;  ambos  se  conjugan  en  la  vida  diaria,  de  tal  manera  que  la devoción a María no consiste en un estéril sentimentalismo porque su oración se transformó en acción. María rompió las cadenas de la esclavitud, donando a los cautivos el perfume del verdadero Amor, así encontró y sigue encontrando a sus hijos para darles la fuerza de la fidelidad y de la perseverancia. Que estos años de  actividad  redentora  sean  para  todos  los  mercedarios  y  mercedarias  un estímulo para estudiar la persona y el rol materno de María e imitarla en el camino de consagración y redención.

  

c)  Vía del Espíritu: dimensión carismático-popular

 

23. Como  expertos  en  humanidad,  los  religiosos,  las  monjas  de  clausura,  las religiosas  y  los  laicos  de  la  Merced,  no  podemos  desconocer  las  causas histórico-sociales, económico-culturales y políticas de las esclavitudes que atentan contra la dignidad de los hijos e hijas de Dios. Con madurez hacemos el esfuerzo de involucrarnos e investigar sobre los principios y sistemas que se oponen al evangelio y se imponen contra la economía de la Salvación, como son la  exclusión,  la  idolatría  del  dinero,  la  injusticia  que  genera  violencia,  los ataques a la libertad religiosa y las situaciones de persecución a los cristianos católicos, que alcanzan niveles de odio y muerte alarmantes en el mundo en el que nos movemos y existimos.

 

24. Si  miramos  objetivamente  la  geografía  mercedaria  en  el  mundo,  debemos reconocer que existe un “tesoro espiritual en la Orden” (COM 11) conformado por religiosos, religiosas y laicos que se esfuerzan por hacer vida lo que exige nuestro carisma en la línea de la redención y del martirio, así como la liberación de los cautivos y de los hermanos que sufren por su fe (cf. COM 12, 81-87). Cuando recorremos y visitamos las Provincias y las comunidades locales vemos que hay diversos “ministerios -de acción liberadora- encomendados por la obediencia para edificación del cuerpo de Cristo” (cf. COM 18), entre los cuales se desarrollan una serie de proyectos de reinserción social, como el quehacer en el apostolado penitenciario, la convivencia fraterna en las casas de acogida, la ayuda a los refugiados y atención a los migrantes, la dedicación a jóvenes que se encuentran en situaciones mundanas y esclavizantes, la atenta evangelización en las casas-hogares para niños abandonados, la complicada y gozosa inserción en lugares de suburbio y periferia, la debida atención parroquial-sacramental entre los fieles, la educación liberadora y la atención a niños y adultos vulnerables, quienes padecen las consecuencias de los nuevos cautiverios.

 

25. Frente a este panorama del acontecer en la Orden, el Papa Francisco, en su discurso dirigido a los religiosos reunidos en el XVI Capítulo General, el día 2 de mayo del 2016, manifestaba su sensibilidad por nuestra acción misionera, diciendo: “En el octavo centenario de la Orden, no dejen de “proclamar el año de gracia del Señor” a todos aquellos a los que son enviados: a los perseguidos por causa de su fe y a los privados de libertad, a las víctimas de la trata y a los jóvenes de sus escuelas, a los que atienden en sus obras de misericordia y a los fieles de las parroquias y las misiones que les han sido encomendadas por la Iglesia. Para cada uno de ellos y para la entera Familia mercedaria mi bendición. Y por favor no se olviden de rezar por mí”.

 

26. Con   estas   palabras  que   generan   reflexión  y   discernimiento  personal  y comunitario para conocer más a Jesús y redimir a los hermanos cautivos, los mercedarios y mercedarias estamos llamados a ser una comunidad inclusiva e integradora que vive y ofrece la alegría y la fraternidad con la dinámica del hospital de campo de la que habla el Papa Francisco. Con la ternura de padres, madres y hermanos, deseamos que la proximidad y cercanía hacia nuestra gente sea un evento de caridad que inspire y sostenga cada servicio transformándose en la bella oportunidad para curar heridas, poner de pie a las personas y restituir la dignidad ultrajada.

 

27. Como podemos ver, el carisma redentor que se anidó en el corazón inquieto y compasivo del fundador, sigue recorriendo nuestras venas y continúa dando vida al corazón mercedario. Corazón y centro vital que solo se entiende desde el movimiento concéntrico y poliédrico entre salida y retorno (cf. EG 24), con la genética de los orígenes de nuestra Orden: mendicantes y peregrinos, fraternos y contemplativos, teniendo como horizonte a Cristo con rostro cautivo y tras las rejas, en los nuevos escenarios donde la fe y la libertad se encuentran amenazadas.

 

28. Con  este  fin,  organizamos nuestra vida  diaria desde  la  mística de  los  ojos abiertos para llegar a ser profetas de la redención, viendo, juzgando, actuando y celebrando el memorial de la Pasión redentora de Jesús junto al Pueblo de Dios, que entre luces y sombras se acerca esperanzado a la tierra prometida de la liberación (cf. COM 46-54; 66-68). Que este tiempo jubilar sea para nosotros una invitación para que nuestras comunidades locales se constituyan en auténticos observatorios de la cautividad y centros ejemplares de la misión redentora, haciendo viva la visita y tratando de ser talleres de misericordia que nos permitan asumir el desafío de conocer, involucrar, visibilizar y acompañar las complejas realidades humanas de los nuevos cautivos en el camino de la historia.

 

29. Siguiendo las mociones del espíritu y la sabiduría práctica de Nolasco, queremos ofrecer la acción de gracias a Dios por todo el acontecer de nuestra querida y amada Orden de la Merced, la cual ha llegado a ser como en Belén de Judá y Caná de Galilea, un gesto del amor redentor para la humanidad redimida por el Señor. Gracias por ser generosos y disponibles a la llamada y respuesta mercedaria, por ser hombres y mujeres que se concentran en las casas de oración y compromiso, donde el pan eucarístico partido y repartido alcanza para todos; gracias porque han hecho posible que La Merced sea el signo de la mesa tendida y extendida para los hermanos, agua para el sediento transformado en vino de fiesta que se comparte con los invitados. Que la infinidad de expresiones multiculturales ayuden a recrear las obras de misericordia (cf. Mt 25,31-46) entre la vida comunitaria y la misión compartida para los pobres.

 

30. Desde esta misiva, nos unimos a las intenciones de todos ustedes reunidos en “una sola alma y un solo corazón orientados hacia Dios” (Regla de san Agustín, 3; Hech 4,32). Que nuestras voces sean eco y resonancia de los cánticos del Magníficat y del Benedictus (cf. Lc 1,46-55; 67-79) para expresar las maravillas de Dios entre redentores y redimidos. Que la vía de la Verdad que es el mismo Cristo, de la Belleza concentrada en María y  su  Hijo Jesús, y  del Espíritu redentor que asimiló san Pedro Nolasco, nos animen siempre a ser huellas proféticas para tiempos nuevos. Esperando que la mística del mercedario se renueve cada día con la Palabra de Dios cantemos eternamente las misericordias del Señor entre los cautivos (cf. Sal 88). Que Cristo Redentor, centro del cosmos y de la humanidad (san Juan Pablo II, RH 1) que proclamó el Año de gracia y la Salvación a todos los hombres (cf. Lc 4, 16-19) permanezca en nuestras mentes y corazones para celebrar el presente año jubilar.

 

En Fraternidad y servicio, con gozo compartido les impartimos la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén. 

Dado en Roma, entre los días 16 y 17 de enero del 2018, durante el Acto cultural y la Eucaristía de apertura del Año del Jubileo Mercedario, a los 800 Años de la fundación de la Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced.

 

P. Fr. Juan Carlos Saavedra Lucho, O. de M.   

Maestro general

 

Mensaje del P. Fr. Juan Carlos Saavedra Lucho, Maestro general, a toda la Orden y Familia Mercedaria con motivo de la Apertura del Año jubilar de la Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced. (ver archivo adjunto)

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Miércoles, 06 Diciembre 2017

Al Reverendísimo Padre Fray Juan Carlos SAAVEDRA LUCHO

Maestro General de la Orden de la

Bienaventurada María Virgen de la Merced

 

Vaticano, 6 de diciembre de 2017

Memoria de san Pedro Pascual

 

Querido Hermano:

 

Al acercarse la fecha en que la Orden de la Merced, y todos los que se unen a ella con lazos espirituales, recuerdan el octavo centenario de la fundación de la misma por san Pedro Nolasco, quiero unirme a ustedes en acción de gracias al Señor por todos los dones recibidos a lo largo de este tiempo. Deseo expresarles mi cercanía espiritual, animándoles a que esta circunstancia sirva para la renovación interior y para impulsar el carisma recibido, siguiendo el camino espiritual que Cristo Redentor les ha trazado.

 

El Señor se hace presente en nuestra vida mostrándonos todo su amor y nos anima a que le correspondamos con generosidad, siendo este el primer mandamiento del santo Pueblo de Dios: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas» (Dt 6,5). En preparación a este año jubilar ustedes han querido resaltar a tres protagonistas de su historia que pueden significar tres momentos de respuesta al amor de Dios. El primero es san Pedro Nolasco, considerado el fundador de la nueva comunidad y el depositario del carisma entregado por Dios. En esa vocación está el corazón y el tesoro de la Orden, pues tanto la tradición de la misma como la biografía de cada religioso se fundamentan en ese primer amor. En el rico patrimonio de la familia mercedaria, iniciado con los fundadores y enriquecido por los miembros de la comunidad que se han sucedido a lo largo de los siglos, se concitan todas las gracias espirituales y materiales que ustedes han recibido. Este depósito se hace expresión de una historia de amor que se enraíza en el pasado pero que sobre todo, se encarna en el presente y se abre al futuro, en los dones que el Espíritu sigue derramando hoy sobre cada uno de ustedes. No se puede amar lo que no se conoce (cf. SAN AGUSTÍN, Trinidad, X,II,4), por ello los animo a profundizar en ese cimiento puesto por Cristo y fuera del cual nada se puede construir, redescubriendo el primer amor de la Orden y de la propia vocación, para renovarlos continuamente.

 

El segundo protagonista en este tríptico es la Virgen Santa, Nuestra Señora de la Merced o, como también la llaman, del Remedio y de la Gracia en nuestras necesidades, que suplicamos a Dios y confiamos a su poderosa intercesión. En el original hebreo la expresión que traducimos «amarás al Señor con toda el alma» tiene el sentido de «hasta la última gota de nuestra sangre». Por eso, el ejemplo de María se identifica con el verso del «Shemá». Ella  se  proclama como  la  «esclava del  Señor»,  y  se  pone  en  camino «apresuradamente» (Lc 1,38-39), para llevar la buena noticia del reino a su prima Isabel. Es la respuesta de Dios al clamor del pueblo que espera la liberación (cf. Ex 3,7 y Lc 1,13). Así, es maestra de consagración a Dios y al pueblo, en la disponibilidad y el servicio, en la humildad y la sencillez de una vida oculta, totalmente entregada a Dios, en el silencio y en la oración. Es  un compromiso que  nos  evoca el sacrificio de  los  antiguos padres redentores, que se quedaban ellos mismos «en rehenes», como prenda de la libertad de los cautivos. Por ello, les ruego que este propósito de ser completamente suyos se refleje no sólo en las obras apostólicas de vanguardia, sino en el trabajo cotidiano y humilde de cada religioso, como también en los monasterios contemplativos que, con el silencio orante y el sacrificio escondido, sostienen maternalmente la vida de la Orden y de la Iglesia.

 

El tercer protagonista que completa el cuadro de la historia del Instituto es Cristo Redentor; en él damos un salto cualitativo, pues pasamos de los discípulos al Maestro. Como el joven rico, Jesús nos interpela con una pregunta que nos toca profundamente: ¿Quieres ser perfecto? (cf. Mt 19,21; 5,48). No vale un conocimiento teórico, ni siquiera una adhesión sincera a los preceptos de la Ley divina «desde la juventud» (Mc 10,20); sino que Jesús nos mira a los ojos y nos ama, pidiéndonos que lo dejemos todo por seguirle. El amor se aquilata en el fuego del riesgo, en la capacidad de poner sobre la mesa todas las cartas y de apostar fuerte, por esa esperanza que no defrauda.  Sin  embargo,  muchas  veces,  las  decisiones  personales  y comunitarias que más nos cuestan son la que afectan a nuestras pequeñas y, a veces, mundanas seguridades. Todos estamos llamados a vivir la alegría que brota del encuentro con Jesús, para vencer nuestro egoísmo, salir de nuestra propia comodidad y atrevernos a llegar a toda periferia que necesita la luz del Evangelio (cf. Exhort. Apost. Evangelii Gaudium, 20). Podemos responder al Señor con generosidad cuando experimentamos que somos amados por Dios a pesar de nuestro pecado y nuestra inconsistencia.

 

Queridos hermanos y hermanas: el Señor Jesús les mostrará un camino hermoso, por donde transitar con un espíritu renovado. Podrán hacer crecer el don recibido —personal y comunitariamente—, entregándolo y entregándose completamente, como el grano de trigo que si no muere no puede dar fruto (cf. Jn 12,24). Pido al Señor que les dé la fuerza para abandonar lo que les ata y asumir su cruz, de modo que dejando el manto y agarrando su camilla (Mc 10,50; 2,1-12) puedan seguirlo por el camino y habitar en su casa por siempre.

 

Por favor, les ruego que no dejen de rezar por mí. Que Jesús bendiga a todos los miembros de la Orden y de la entera familia mercedaria, y la Virgen Santa los cuide.

 

Fraternalmente,

 

Francisco 

L.S.

 

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