< Volver
Martedì, 16 Gennaio 2018 00:00

Mensaje del Maestro General - Apertura Año Jubilar de la Merced

 

Mensaje del P. Fr. Juan Carlos Saavedra Lucho, Maestro general,

a toda la Orden y Familia Mercedaria con motivo de la Apertura del Año jubilar

de la Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced.

 

LA MERCED: 800 AÑOS

SIGNO DE REDENCIÓN, GRACIA Y BENDICIÓN

 

A todos los Obispos Mercedarios, Religiosos de la Orden de la Merced, Monjas de clausura y Religiosas

de los diversos Institutos de Vida Consagrada Mercedaria,

Miembros de las Fraternidades Laicales Mercedarias, Hermanas y hermanos destinatarios de nuestro carisma redentor y Pueblo de Dios.

 

 

¡Alégrate familia mercedaria, porque Dios ha visitado y redimido a su pueblo!

 

1.  Redención, gracia  y  bendición son  las  palabras que  resumen mi  acción  de gracias a Dios al celebrar el Jubileo Mercedario 2018. Con significativa alegría y gozo espiritual junto a mis hermanos de hábito que conforman y comparten los roles, oficios y experiencias de servicio y gobierno general, saludamos a todos ustedes en este tiempo de gracia y salvación que Dios nos regala al celebrar el Octavo  centenario  de  la  fundación  de  nuestra  Orden  de  la  Bienaventurada Virgen María de la Merced (cf. Constituciones de la Orden (=COM), 2 y 5)

 

2.  Puesto que “La Merced: 800 Años”, nos permite recordar el acontecer de la Orden y su misión en la Iglesia, demos gracias a la Santísima Trinidad al haber elegido y constituido “servidor, mensajero y fundador y adelantador a fray Pedro Nolasco” (Proemio de las Constituciones amerianas, de 1272); el cual, por amor a los cautivos cristianos en peligro de perder su fe, consolidó el 10 de agosto de 1218 esta obra de redención y misericordia bajo la protección maternal de la Virgen María de la Merced, en el altar de santa Eulalia, de la Catedral de Barcelona, España, “con la participación del rey Jaime I de Aragón y ante el obispo de la ciudad, Berenguer de Palou” (COM 2).

 

3.  Como bautizados y consagrados en el Señor, unidos en la oración, trabajo, estudio y vida común (cf. COM 25), nos sentimos alegres de compartir con ustedes los eventos del Año del Jubileo 2018, con la certeza y disponibilidad de seguir anunciando el evangelio de la libertad a los más necesitados de nuestros pueblos. Siguiendo las huellas de Cristo Redentor, maestro y modelo de todos los mercedarios (cf. COM 6), les invito a profundizar y asimilar las tres dimensiones o caminos que recrean nuestra historia, carisma y espiritualidad redentora; es decir: la vía de la Verdad, de la Belleza y del Espíritu, que perfilan nuestro ser y quehacer mercedario en el mundo entre los principios teológicos de la Creación, Encarnación y Redención por los hijos de Dios (cf. COM 9 y16).

 

4.  En este sentido, agradezco el esfuerzo de todos ustedes por el hecho de haber llevado adelante los proyectos propuestos por los últimos gobiernos generales de la Orden y de los miembros de la Comisión preparatoria del jubileo quienes durante los años 2012 al 2014 hicieron posible las Campañas del Logotipo, Oración e Himno jubilar, los cuales nos han ayudado a la integración como Familia mercedaria que celebra este evento eclesial e internacional. Así mismo, debo agradecer por todo lo que hicieron durante los años 2015 al 2017, al celebrar el Año de san Pedro Nolasco, de María de la Merced y de Cristo Redentor, que marcaron un trienio de preparación jubilar mediante la reflexión e interacción hacia las fiestas centrales de los ocho siglos de la fundación de la Orden que ahora iniciamos, compartimos y desarrollamos.

 

5.  Unidos a la diversidad de programas y eventos que se realizarán durante este tiempo jubilar, les invito a tener presente el cronograma central de actividades que tiene como hitos generales lo siguiente:

 

a)  Apertura del Jubileo Mercedario. Acto cultural en la Parroquia de santa María de la Merced y san Adrián y la solemne eucaristía en el Altar de la Cátedra, de la Basílica de san Pedro, entre los días 16 y 17 de enero, en la ciudad  de  Roma-Italia.  De  esta  manera  recordamos  la  Confirmación pontificia de la Orden, otorgada a través de la Bula Devotionis vestrae que extendió el Papa Gregorio IX, en Perugia-Italia, el 17 de enero de 1235.

b)  Fiesta de la Fundación de la Orden. En todas las comunidades de la Orden, Basílicas, templos y capillas se celebrará la eucaristía recordando el día fundacional, el 10 de agosto de 1218.

c)  Mes de Mercedes. Congreso de Historia y espiritualidad, celebración de las Vísperas y la solemne eucaristía dedicada a nuestra Madre de la Merced, en la ciudad de Barcelona-España, entre los días 15 al 24 de setiembre.

d)  Clausura  del  Jubileo.  Actos  culturales  y  celebración  eucarística  en  la Basílica Menor de la Merced de Lima-Perú, el día 17 de enero del año 2019, dando gracias a Dios por todo lo acontecido durante el año jubilar.

 

6.  Para todos estos actos celebrativos y los que se realizarán en cada Provincia y comunidad local, se debe promover la reflexión sobre el Mensaje del Papa Francisco que nos ha enviado al inicio del Jubileo; de la misma manera, es una bonita oportunidad para desarrollar una catequesis sobre la celebración de la Indulgencia plenaria que la Penitenciaría Apostólica ha concedido a toda la Orden y Familia Mercedaria. De esta manera, como peregrinos en búsqueda del Señor hagamos visible nuestra presencia recreando la memoria y profecía en las periferias de la cautividad desde el siglo XIII hasta hoy. Entre otras noticias que han llegado a mi despacho, tenemos en Roma la Audiencia privada con el Santo Padre, el día 6 de diciembre del año en curso, otorgada por la Secretaría del Estado Vaticano.

 

7.  Haciendo una relectura de los signos de los tiempos, ante el hecho de haber llegado la hora solemne de agradecer a Dios por el hecho y significado de La Merced hecha redención, gracia y evangelio, denominado Jubileo Mercedario 2018, les invito a participar en las peregrinaciones mariano-mercedarias acompañando a las imágenes peregrinas de nuestra Madre de la Merced, que representan las nueve Provincias mercedarias en el mundo, las cuales visitarán las comunidades locales durante el presente año, unidos a todos los cautivos y fieles que acompañan el camino de Cristo Redentor, de María y Nolasco, como ejes centrales de nuestra acción evangelizadora en la Iglesia.

 

8. Con signos de unidad, en esta celebre ocasión, les comparto las siguientes reflexiones que han sido fruto de un trabajo en conjunto con mis hermanos: Fr. Emilio Aguirre Herrera, Fr. Giovannino Tolu y Fr. Pablo Bernardo Ordoñe, ex Maestros generales, a quienes solicité algunos pensamientos que nos ayuden a profundizar y valorar este tiempo de fiesta mercedaria en su dimensión cristológico-constitucional, mariológico-mariana y carismático-pastoral.

 

a)  Vía de la Verdad: dimensión cristológico-constitucional

 

9.  Teniendo en cuenta la cercanía espiritual del Papa Francisco entre las líneas de su Mensaje a la Orden, con fecha del 6 de diciembre del 2017, el santo Padre nos invita a ser animadores de la fe en la vida de los fieles hacia una a) renovación interior, b) para impulsar el carisma recibido, y c) seguir el camino espiritual que Cristo Redentor nos ha trazado durante estos siglos de existencia. Su  Santidad  teniendo  en  cuenta  el  principio  bíblico  del  Shemá  (¡Escucha, Israel!) orientado hacia el Amor divino (cf. Dt 6,5), ha querido resaltar a los tres protagonistas de nuestra historia profética mercedaria, a saber: san Pedro Nolasco, María de la Merced y Cristo Redentor.

 

10. Hablando de nuestro fundador manifiesta que su persona, vocación y servicio se hace expresión de una historia de amor que se enraíza en el pasado; pero, que sobre todo se encarna en el presente y se abre al futuro, entre los dones del Espíritu que sigue derramando hoy sobre cada uno de nosotros, de tal manera que en la vocación de Nolasco está el corazón y el tesoro de la Orden. Refiriéndose a la figura maternal de la Virgen Santa, considera como segunda protagonista del triptico a Nuestra Madre de la Merced, como maestra de consagración a Dios y a su pueblo, en la disponibilidad y servicio, totalmente entregada a Dios, en la vida de silencio, oración y la vida oculta, como ejemplo de humildad y compromiso que evoca el sacrificio de todos los redentores mercedarios. En línea cristológica, el Vicario de Cristo enmarca el cuadro de la historia y profecía mercedaria teniendo en cuenta la figura de Cristo Redentor, en  quien  encontramos  el  verdadero  Amor  y  donde  los  redentores  somos partícipes del fuego del riesgo, ponemos las cartas sobre la mesa y apostamos fuerte por la esperanza que no defrauda.

 

11. De  esta  manera,  motivados  por  la  asidua  y  constante  aproximación  a  los principios  y  enseñanzas  de  las  Sagradas  Escrituras,  para  conocer  más  a Jesucristo, nuestro Salvador, los religiosos vivimos la fraternidad comunitaria (cf. COM 22-25) y nos consagramos a Dios por medio de los consejos evangélicos de la pobreza, obediencia y castidad (cf. COM 26-45) y el Cuarto Voto de redención (cf. COM 13-18), que configura nuestra consagración, comunión y misión, ante el hecho de dar la vida si fuere necesario por los hermanos cautivos que sufren las diversas formas de cautividad actual (cf. COM 16).

 

12. Considerando  que  Cristo  Redentor  es  el  centro  de  nuestra  consagración  y predicación tenemos que pensar que este filón fundamental de nuestra Orden nos invita cotidianamente a profundizar y reflexionar sobre la persona de Jesucristo y el evangelio de la libertad, encarnando nuestra vida de redentores al asumir el compromiso, serio y profundo de lo que es y significa redimir a ejemplo del Salvador, asimilando y difundiendo una “actitud mercedaria” como nos piden las Constituciones, siendo capaces de redimir y sintonizar con el cautivo de hoy (cf. COM 18). Se trata, por tanto, en este tiempo de gracia, vivir e interiorizar “un cambio del corazón” en la línea de la conversión, a la luz del mensaje de nuestro proyecto constitucional y de las nuevas situaciones que se están presentando en este mundo líquido, egoísta, globalizado y cambiante.

 

13. No cabe duda, que el mundo nos pide renovarnos, es por ello que surgen algunas reflexiones e interrogantes sobre la relectura de las fuentes, la vuelta al carisma fundacional,  la  actualización  del  mismo;  más  aún,  la  importancia  de  la promoción vocacional, la formación y perseverancia de nuestros candidatos a la vida consagrada, la espiritualidad y la identidad mercedaria en los ministerios apostólicos y su desarrollo en las acciones plenamente liberadoras. En torno a ello, es urgente redescubrir la importancia de nuestra historia, la profundización bíblico-teológica-espiritual y la mirada atenta del acontecer pastoral, sin olvidarnos del  imaginario colectivo de  nuestros fieles y  devotos que  hacen visible un camino de la misericordia de Dios para los hombres. Todo ello, se consolida en los llamados encuentros de formacion inicial y permanente que deben provocar la posibilidad de un análisis del camino de Nolasco en su acontecer eclesial.

 

14. Es  por  ello,  que  resulta  necesaria  la  profundización  de  las  Escrituras,  el Magisterio de la Iglesia y el mensaje de las Constituciones y Normas Generales, así como los objetivos formulados en las nuevas redacciones de los Estatutos Provinciales, los cuales deben integrar en sus formulaciones los pilares fundamentales de la Vida consagrada en el misterio de Cristo y la Iglesia, que inspire y señale, en cada comunidad provincial y para el conjunto de la Orden, un desafío y una urgencia de reflexión, asimilación y puesta en marcha del tesoro carismático-espiritual de la Orden.

 

15. Animados por la lectura asidua de nuestro proyecto constitucional, los animo a repensar estas afirmaciones: “Desde la fundación nuestra Orden siguió a Jesús, haciéndole presente como amigo y redentor entre los cristianos que en poder de los sarracenos y de otros enemigos de nuestra Ley se hallaban expuestos al peligro de perder la fe; así cumplió la palabra del Evangelio: El Espíritu del Señor está sobre mí…; por eso me ha enviado para anunciar la libertad a los cautivos; en ellos supo ver el rostro de Jesús que dirá en el juicio: Estuve en la cárcel y vinisteis a verme” (COM 3; cf. Mt 25,36).

 

16. Por lo tanto, Cristo Redentor se nos presenta a nosotros como la presencia del Padre, cuya voluntad hay que buscar sin descanso, y nos invita a seguirle más de cerca, para que así como Él ha dado la vida por nosotros y con su muerte nos ha liberado del pecado, nosotros viviendo a fondo nuestro carisma liberador, siguiendo el ejemplo de Pedro Nolasco ofrezcamos, alegremente, llenos del Espíritu Santo, nuestras vidas como moneda de rescate por nuestros hermanos que viven privados de libertad y sin esperanza en las nuevas periferias de la cautividad (hermosas y significativas palabras de la oración jubilar).

 

17. Pensando en la realidad de nuestra vida, como mercedarios del siglo XXI ante el compromiso del Evangelio y de nuestras Constituciones, debemos ser exigentes con nosotros mismos en el cumplimiento de lo que se nos pide, para ser capaces de transmitir un estilo de vida más auténtico y atrayente, que sea una invitación para que otros deseen seguir a Cristo según el carisma de la Orden (COM 94). Procuremos hacer de nuestra vida una preciosa ofrenda de amor y un gesto de libertad favoreciendo al hermano cautivo, marginado y  oprimido un tiempo de misericordia hecha redención. Por esta razón, necesitamos convertirnos para encarnar más las exigencias de nuestro cuarto voto, tratando de vivir la vocación universal hacia la santidad para ser santos como nuestro Padre celestial es Santo (cf. Mt 5,48).

  

b)  Vía de la Belleza: dimensión mariológico-mariana

 

18. La via pulchritudinis, de la pureza, santidad y belleza evangélica nos permite reflexionar  sobre  el  valor  bíblico-teológico-mariano-espiritual  que  tiene  la Madre de Dios y de la Iglesia en su constante caminar junto a su Hijo Jesús y los discípulos; por tal motivo, la Iglesia al reconocerla como intercesora que continuamente nos está señalando el camino hacia el Redentor, la invoca como: la Puerta del cielo, la Reina de los ángeles, de todos los santos, de los patriarcas y de los profetas, de los apóstoles y mártires, de los confesores y de las vírgenes. De tal manera, que a través de los siglos la Virgen Madre es modelo de santidad y belleza espiritual para los que siguen el camino de Jesús. Así pues, en estos ocho siglos de nuestra historia hemos enraizado el amor hacia María de la Merced, a quien la llamamos “nuestra Madre”, porque tenemos un sentido de pertenencia eclesial hacia quien “por su intervención en la fundación y vida de la Orden” es llamada Madre de redentores y redimidos (cf. COM 7).

 

19. Gracias a la pluma de los escritores mercedarios, entre tantos hombres y mujeres del espíritu y la sensibilidad del pueblo, hemos integrado en nuestro ser y quehacer evangelizador un valioso vocabulario que designa la presencia materna de la Virgen en el acontecer de la Orden; por ello, la veneramos, invocamos y la describimos con múltiples nombres que pueden llegar a ser una letanía mariano- mercedaria; entre aquellos títulos tenemos: la Abogada, del Buen aire, Comendadora, la Chinita Meche, Dulcísima María de las Mercedes, Estrella de la Fe y de la Evangelización, la Generala, Gloriosísima Virgen María, Gran Mariscala, Guardiana de la ciudad y de la patria, Intercesora del pueblo, Inspiradora, la Generala de Belgrano, la Portera, Madrecita querida, Madre de clemencia, Madre de Dios de la Merced, Madre de Misericordia, Madre de las Mercedes, de los cautivos, de los redentores, Madre nuestra, Madre y Señora nuestra, Mamacha de las Mercedes, Mamita Meche, Redentora del cautivo, Auxilio del cristiano y esperanza del pecador, Nuestra Madre de la Merced, Nuestra Señora de los Remedios, Patrona de la Agricultura, Patrona de las Armas, de las Fuerzas Armadas, Patrona y Auxiliadora, Patrona de los presos, de los reclusos, de los encarcelados, Patrona y Protectora de las Armas de la República, Piadosísima Madre de la Merced, Primera pobladora, Redentora de cautivos, Reina y Madre, Reina y augusta Madre mía de las Mercedes, Santísima Virgen de las Mercedes, Serenísima Reina del cielo, Señora y Abogada Nuestra, Vecina de la ciudad, la Virgen blanca, Virgen de los criollos, Virgen peregrina y Virgen santísima.

 

20. No cabe duda que la nomenclatura mariana es una sumatoria de la fe y devoción que tenemos a la Madre del Redentor. Por ello, consideramos que nuestro fundador fue un verdadero devoto de María, quien a ejemplo del discípulo amado quiso llevarla a su casa (cf. Jn 19, 27), para tenerla en cada convento y recinto mercedario, así como en su mente y corazón en el transcurrir de su vida misionera. Por lo tanto, podemos afirmar que Pedro Nolasco aprendió de la Madre de Dios a realizar obras grandes y humildes al entender la grandeza y la pequeñez de la esclava del Señor (cf. Lc 1,38), de Ella aprendió a orar en silencio y en comunidad y a viabilizar la obra liberadora de Dios entre su pueblo.

 

21. Puesto al servicio de los cautivos, Pedro Nolasco se dio a conocer como un hijo infatigable de María, unido a la plegaria y al discernimiento se despojó de todo lo que tenía y compartió su vida y misión con los más necesitados de su tiempo; fue entonces un signo de visita y redención, de servicio y ayuda de muchos cautivos cristianos e inclusive de quienes no profesaban la fe. Así pues, Nolasco redentor por su inmensa caridad se convirtió en el enviado por la Trinidad para redimir y ser liberador de hermanos, fruto de esta opción de vida inmersa entre las mazmorras, pueblos y ciudades de su época descubrió que el amor por los cautivos era la perla preciosa del Reino de Dios y su justicia (cf. Mt 6,33; 13,46), porque allí encontró a los hermanos de Jesús, los desplazados, sufrientes y   desdichados,  los   privados  de  libertad  que  necesitaban  de  la  infinita misericordia de Dios.

 

22. Diversas fueron las redenciones obradas por nuestro fundador, por ello conoció de cerca la cautividad y el sinsabor de ver que muchos hermanos perdían la dignidad de ser  hijos de Dios; por tal razón, puso a los pies de la Virgen su obra de redención y la llamó Madre de la Merced. Nos entusiasma el hecho que fue él, quien como jóven enamorado de la Madre celestial llamó a María con aquella invocación mariana cuyo significado tiene un valor teológico y espiritual que delinea el aspecto carismático de nuestra Orden en la Iglesia. El título de la Merced señala la unión de dos aspectos fundamentales de la verdadera devoción a María, que son: la oración y la acción, así como el encuentro con Dios y con los  hermanos;  ambos  se  conjugan  en  la  vida  diaria,  de  tal  manera  que  la devoción a María no consiste en un estéril sentimentalismo porque su oración se transformó en acción. María rompió las cadenas de la esclavitud, donando a los cautivos el perfume del verdadero Amor, así encontró y sigue encontrando a sus hijos para darles la fuerza de la fidelidad y de la perseverancia. Que estos años de  actividad  redentora  sean  para  todos  los  mercedarios  y  mercedarias  un estímulo para estudiar la persona y el rol materno de María e imitarla en el camino de consagración y redención.

  

c)  Vía del Espíritu: dimensión carismático-popular

 

23. Como  expertos  en  humanidad,  los  religiosos,  las  monjas  de  clausura,  las religiosas  y  los  laicos  de  la  Merced,  no  podemos  desconocer  las  causas histórico-sociales, económico-culturales y políticas de las esclavitudes que atentan contra la dignidad de los hijos e hijas de Dios. Con madurez hacemos el esfuerzo de involucrarnos e investigar sobre los principios y sistemas que se oponen al evangelio y se imponen contra la economía de la Salvación, como son la  exclusión,  la  idolatría  del  dinero,  la  injusticia  que  genera  violencia,  los ataques a la libertad religiosa y las situaciones de persecución a los cristianos católicos, que alcanzan niveles de odio y muerte alarmantes en el mundo en el que nos movemos y existimos.

 

24. Si  miramos  objetivamente  la  geografía  mercedaria  en  el  mundo,  debemos reconocer que existe un “tesoro espiritual en la Orden” (COM 11) conformado por religiosos, religiosas y laicos que se esfuerzan por hacer vida lo que exige nuestro carisma en la línea de la redención y del martirio, así como la liberación de los cautivos y de los hermanos que sufren por su fe (cf. COM 12, 81-87). Cuando recorremos y visitamos las Provincias y las comunidades locales vemos que hay diversos “ministerios -de acción liberadora- encomendados por la obediencia para edificación del cuerpo de Cristo” (cf. COM 18), entre los cuales se desarrollan una serie de proyectos de reinserción social, como el quehacer en el apostolado penitenciario, la convivencia fraterna en las casas de acogida, la ayuda a los refugiados y atención a los migrantes, la dedicación a jóvenes que se encuentran en situaciones mundanas y esclavizantes, la atenta evangelización en las casas-hogares para niños abandonados, la complicada y gozosa inserción en lugares de suburbio y periferia, la debida atención parroquial-sacramental entre los fieles, la educación liberadora y la atención a niños y adultos vulnerables, quienes padecen las consecuencias de los nuevos cautiverios.

 

25. Frente a este panorama del acontecer en la Orden, el Papa Francisco, en su discurso dirigido a los religiosos reunidos en el XVI Capítulo General, el día 2 de mayo del 2016, manifestaba su sensibilidad por nuestra acción misionera, diciendo: “En el octavo centenario de la Orden, no dejen de “proclamar el año de gracia del Señor” a todos aquellos a los que son enviados: a los perseguidos por causa de su fe y a los privados de libertad, a las víctimas de la trata y a los jóvenes de sus escuelas, a los que atienden en sus obras de misericordia y a los fieles de las parroquias y las misiones que les han sido encomendadas por la Iglesia. Para cada uno de ellos y para la entera Familia mercedaria mi bendición. Y por favor no se olviden de rezar por mí”.

 

26. Con   estas   palabras  que   generan   reflexión  y   discernimiento  personal  y comunitario para conocer más a Jesús y redimir a los hermanos cautivos, los mercedarios y mercedarias estamos llamados a ser una comunidad inclusiva e integradora que vive y ofrece la alegría y la fraternidad con la dinámica del hospital de campo de la que habla el Papa Francisco. Con la ternura de padres, madres y hermanos, deseamos que la proximidad y cercanía hacia nuestra gente sea un evento de caridad que inspire y sostenga cada servicio transformándose en la bella oportunidad para curar heridas, poner de pie a las personas y restituir la dignidad ultrajada.

 

27. Como podemos ver, el carisma redentor que se anidó en el corazón inquieto y compasivo del fundador, sigue recorriendo nuestras venas y continúa dando vida al corazón mercedario. Corazón y centro vital que solo se entiende desde el movimiento concéntrico y poliédrico entre salida y retorno (cf. EG 24), con la genética de los orígenes de nuestra Orden: mendicantes y peregrinos, fraternos y contemplativos, teniendo como horizonte a Cristo con rostro cautivo y tras las rejas, en los nuevos escenarios donde la fe y la libertad se encuentran amenazadas.

 

28. Con  este  fin,  organizamos nuestra vida  diaria desde  la  mística de  los  ojos abiertos para llegar a ser profetas de la redención, viendo, juzgando, actuando y celebrando el memorial de la Pasión redentora de Jesús junto al Pueblo de Dios, que entre luces y sombras se acerca esperanzado a la tierra prometida de la liberación (cf. COM 46-54; 66-68). Que este tiempo jubilar sea para nosotros una invitación para que nuestras comunidades locales se constituyan en auténticos observatorios de la cautividad y centros ejemplares de la misión redentora, haciendo viva la visita y tratando de ser talleres de misericordia que nos permitan asumir el desafío de conocer, involucrar, visibilizar y acompañar las complejas realidades humanas de los nuevos cautivos en el camino de la historia.

 

29. Siguiendo las mociones del espíritu y la sabiduría práctica de Nolasco, queremos ofrecer la acción de gracias a Dios por todo el acontecer de nuestra querida y amada Orden de la Merced, la cual ha llegado a ser como en Belén de Judá y Caná de Galilea, un gesto del amor redentor para la humanidad redimida por el Señor. Gracias por ser generosos y disponibles a la llamada y respuesta mercedaria, por ser hombres y mujeres que se concentran en las casas de oración y compromiso, donde el pan eucarístico partido y repartido alcanza para todos; gracias porque han hecho posible que La Merced sea el signo de la mesa tendida y extendida para los hermanos, agua para el sediento transformado en vino de fiesta que se comparte con los invitados. Que la infinidad de expresiones multiculturales ayuden a recrear las obras de misericordia (cf. Mt 25,31-46) entre la vida comunitaria y la misión compartida para los pobres.

 

30. Desde esta misiva, nos unimos a las intenciones de todos ustedes reunidos en “una sola alma y un solo corazón orientados hacia Dios” (Regla de san Agustín, 3; Hech 4,32). Que nuestras voces sean eco y resonancia de los cánticos del Magníficat y del Benedictus (cf. Lc 1,46-55; 67-79) para expresar las maravillas de Dios entre redentores y redimidos. Que la vía de la Verdad que es el mismo Cristo, de la Belleza concentrada en María y  su  Hijo Jesús, y  del Espíritu redentor que asimiló san Pedro Nolasco, nos animen siempre a ser huellas proféticas para tiempos nuevos. Esperando que la mística del mercedario se renueve cada día con la Palabra de Dios cantemos eternamente las misericordias del Señor entre los cautivos (cf. Sal 88). Que Cristo Redentor, centro del cosmos y de la humanidad (san Juan Pablo II, RH 1) que proclamó el Año de gracia y la Salvación a todos los hombres (cf. Lc 4, 16-19) permanezca en nuestras mentes y corazones para celebrar el presente año jubilar.

 

En Fraternidad y servicio, con gozo compartido les impartimos la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén. 

Dado en Roma, entre los días 16 y 17 de enero del 2018, durante el Acto cultural y la Eucaristía de apertura del Año del Jubileo Mercedario, a los 800 Años de la fundación de la Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced.

 

P. Fr. Juan Carlos Saavedra Lucho, O. de M.   

Maestro general

 

Mensaje del P. Fr. Juan Carlos Saavedra Lucho, Maestro general, a toda la Orden y Familia Mercedaria con motivo de la Apertura del Año jubilar de la Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced. (ver archivo adjunto)