FORMULA DE LA PROFESIÓN RELIGIOSA
Yo, fr. N. N.
nacido en ... el día... de... de... para gloria de
Dios Padre, que nos redimió por Jesucristo y
nos concedió la adopción de hijos por medio
del Espíritu Santo,
quiero consagrarme a El más íntimamente
y seguir más de cerca a Cristo durante toda
mi vida, por lo cual, ante los hermanos aquí
presentes y ante ti, fr. N. N.11, hago profesión de votos12 solemnes y prometo
observar castidad, pobreza, obediencia y el
cuarto voto, según la regla de san Agustín y las
constituciones de la Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced,
y me incorporo libre y voluntariamente a esta familia religiosa para vivir en fraternidad comunitaria y,
a ejemplo de nuestro Padre y Fundador san Pedro Nolasco,
alcanzar con la gracia del Señor y la ayuda de
nuestra Madre de la Merced la perfección del
amor con el generoso y fi el cumplimiento de la
misión redentora de la Orden.
Y ratifi co esta libre decisión fi rmándola con
mi propia mano, en el convento de... el día...
de... de...
El que recibe la profesión, dice:
Y yo, por la potestad que tengo, en nombre
de la Iglesia, recibo de ti (de vosotros) los votos
que has (habéis) emitido en la Orden de la
Bienaventurada Virgen María de la Merced, y
te (os) encomiendo vivamente a Dios, para que
puedas (podáis) cumplir tu (vuestra) ofrenda,
asociada al sacrificio eucarístico.
“TRASCENDENCIA DE LA PROFESIÓN RELIGIOSA DELANTE DE DIOS Y DELANTE DE LA IGLESIA”
Desde Puno, Perú, realizando la Visita Canónica General de esta querida Provincia , saludo y agradezco la presencia de todos los religiosos estudiantes de las distintas Provincias de la Orden que participan en el curso de preparación para la profesión de votos solemnes ya muy próximamente.
Saludo y agradezco al P. Fr. Victor Sundar Raj, por su servicio en la coordinación de la formación a nivel general, quien ha organizado este curso de preparación para votos solemnes.
Es mi deseo que este encuentro fraterno que van a vivir, sea una gran oportunidad para conocerse, para compartir la vida fraterna y para compartir sus inquietudes vocacionales en orden a la profesión solemne, mediante la cual, van a incorporarse permanentemente a nuestro amada Orden de la Merced.
El tiempo que han vivido durante la formación inicial, ha dado lugar para conocer y valorar la naturaleza de nuestra vida religiosa mercedaria, en vista a llevar a cabo con fidelidad nuestro carisma religioso: la Misión Redentora; legado carismático de San Pedro Nolasco, nuestro fundador, bajo la Inspiración de nuestra Madre la Virgen María de la Merced.
Considerando la trascendencia del paso que van a dar emitiendo sus votos solemnes, les animo a hacer un profundo discernimiento sobre la fórmula de profesión que van a pronunciar delante de Dios y delante la Iglesia; aunque es de suponer, que ya lo han hecho antes para la profesión de votos simples. Sin embargo, con mayor razón habrá que hacerlo para re confirmar su libre y plena voluntad al profesar los votos solemnes.

La fórmula de profesión comienza así:
1. “Yo, fr. N. N., nacido en…”
Es muy importante tener plena conciencia de que la profesión se hace a nombre propio, confirmando el lugar de origen. Con la singular anotación de identidad personal, de existencia aquí y ahora en el mundo, como expresión del amor de Dios, teniendo en cuenta que cada quien es único e irrepetible, pensado y amado por Dios desde antes de venir a este mundo.
Cada uno es fruto del amor de Dios, nadie es fruto de un accidente de la naturaleza humana. Cada uno es irrepetible, por lo cual, hay que dar gracias a Dios por la existencia, por llegar a este mundo bajo el amor y amparo divino. “Ser para la gloria de Dios Padre, que nos redimió por Jesucristo y nos concedió la condición de ser Hijos por medio del Espíritu Santo”. Podríamos decir que es la primera finalidad: ser para la gloria de Dios, no porque Dios necesite ser glorificado por sus creatura, sino porque ser o existir es lo más excelso que ha podido suceder o ha podido pasar por parte de las creativas.
Por tanto, si bien es importante agradecer a Dios el nacimiento en la carne, es más importante tener en cuenta el nacimiento en el Espíritu, “porque lo que nace de la carne es carne, pero lo que nace del Espíritu es espíritu (Jn 3,6). Y es en virtud de esta realidad de ser en el Espíritu, que se adquiere la condición “sine qua non” para participar en la construcción del Reino de Dios.
2. “…quiero consagrarme a Él más íntimamente (a Dios Padre) y seguir más de cerca a Cristo durante toda mi vida…”
La consagración de la vida es a Dios, es reservarse absolutamente para Él, y ya no por un año como en la profesión simple. Se trata de un experiencia viva de fe.
Qué importante es tener una experiencia viva de fe en Dios. No como un acto intelectual en el que se concibe a Dios y se afirma su existencia como si fuera otro ser cualquiera. Se trata de una experiencia íntima de relación personal con Él, en la que se experimenta la existencia y el amor de Dios y se corresponde con amor filial sin reservas.
No basta decir “creo en Dios”, porque creer en la existencia de Dios, como tal, también el maligno lo asume. La diferencia está en que yo siento el amor de Dios y me dispongo a amarlo también sin condiciones. Y, de tal manera es tan importante y trascendente la experiencia, que me decido a consagrar mi vida absolutamente a Él para siempre.
Me parece que las deserciones que luego se van dando, es porque no hay una verdadera Fe en Dios. Las crisis de fe en la vida religiosa y sacerdotal, dan lugar al desánimo, a la infidelidad, al abandono y a vivir con dificultad la vida fraterna y ministerial.
Por lo tanto, de tal manera debe ser significativa la experiencia de vida en Dios, con Dios, que se decide vivir para siempre “por Él, con Él y en Él” doxológicamente toda la vida, teniendo como referente único a Jesucristo, a quien se sigue con fidelidad permanentemente.habida cuenta que Jesús es la revelación de Dios Padre, a quien hay que seguir con fidelidad con un determinado estilo de vida.
Es muy importante tener en cuenta que seguir a Cristo, no es porque yo lo decido y me uno porque yo solo lo quiero. Es atender a un llamado precisamente de Él, quien convoca a compartir un estilo de vida especial, en orden a la mision redentora.
En ese sentido, la vida religiosa es un “estilo de vida”. Es una manera de ser, de pensar y de actuar, según Jesucristo. Emitir los votos religiosos a título personal, comporta la responsabilidad de asumir las gracias y bendiciones que solo Dios puede dar; así como también, los retos que representa vivir con fidelidad los votos religiosos en un mundo en el que es posible que la vocación venga puesta a prueba, ante lo cual, habrá que tener la disposición de superar cualquier reto que pueda venir en la realización del ministerio carismático.
Bajo el entendido de que los votos se emiten a nombre propio, todo lo que se haga, será bajo la responsabilidad personal. Si se actúa con bondad, todo lo que se realice repercutirá en el crecimiento y desarrollo de la vida personal y del Pueblo de Dios; así como, si se actúa mal, ello repercutirá en la falta de testimonio delante de Dios y de los demás que forman parte de la sociedad humana.

La vocación religiosa y sacerdotal, es un don de Dios; un don divino que hay que vivir en principio en alabanza a Dios, en honor a Dios, dador de todos los bienes; asimismo, hay que vivir al servicio de la Iglesia, en el caso nuestro, particularmente al servicio de los cautivos de nuestro tiempo como lo consignan nuestras Constituciones: “Los mercedarios nos consagramos a Dios, fuente de toda santidad, para conseguir la propia santificación por la profesión de los consejos evangélicos. Fieles a los propósitos del Fundador y «por la integridad de la fe, por la caridad para con Dios y el prójimo, por el amor a la cruz y por la esperanza de la gloria venidera»,mediante adecuadas obras de misericordia, nos dedicamos a visitar y redimir a los cristianos de las nuevas formas de cautividad, por las que se ven expuestos al abandono de la práctica de la vida cristiana y a la pérdida de la fe. Con este fin estamos dispuestos a entregar la vida, si fuere necesario, a imitación del Redentor” (COM 4).
Atendiendo al contenido de este texto de nuestras Constituciones, me parece que es preciso tener en cuenta que como religiosos mercedarios estamos llamados a vivir las obras de misericordia como todos los cristianos que formamos la Iglesia, pero más aún, en el caso nuestro, sobre todo, tenemos el compromiso de “visitar y redimir a los cristianos perseguidos en riesgo de perder la fe” conforme al carisma fundacional; teniendo en cuenta que hoy en día se ha expandido esta realidad dramática en distintas partes del mundo. A eso debemos comprometernos de acuerdo a la Misión Redentora que queremos llevar a cabo actualmente en nuestra Orden.
3. “Por lo cual, ante los hermanos aquí presentes, y ante ti (x)”
La emisión de votos se realiza ante los hermanos de religión, de la fe. Al final de la formación inicial, en forma SOLEMNE, delante de Dios y delante de la Iglesia, ante quien representa la autoridad de la Institución, autoridad delegada de Dios en bien de la Iglesia, en bien del Pueblo de Dios. Se trata de un acto de fe y a la vez jurídico, de pertenencia a una comunidad religiosa debidamente constituida, en el caso de nuestra Orden hasta como una comunidad religiosa de aprobación pontificia, de carácter universal: “Nuestra Orden es un instituto religioso clerical de votos solemnes y de derecho pontificio, compuesto por hermanos clérigos y no clérigos, que comparten por igual la vida religiosa; asume la perfecta vida común, conforme a la regla de san Agustín y goza de la exención, de acuerdo con las normas de la Iglesia, para un servicio más universal y eficaz al reino de Dios, conforme a su propio carácter
religioso y apostólico (COM 5).
4. “Hago profesión de votos solemnes y prometo observar votos de castidad, pobreza y obediencia, y el cuarto voto de Redención, según la regla de San Agustín, y las Constituciones de la Bienaventurada Virgen María de la Merced”.
Se profesa observar y vivir con fidelidad, los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia según el estilo de vida de Jesús. No hay que perder de vista la referencia del testimonio de vida y obra de Jesús; lo cual hará posible encarnar con certeza la vivencia de los mismos. siempre identificados con Jesús, ligados a la vida de Él, quien nos dará siempre la capacidad de vivir con fidelidad la consagración religiosa.
La vivencia de los consejos evangélicos garantiza la primera vocación a la que estamos llamados, la santificación; vocación común de todos los hijos de Dios, así lo consigan nuestras Constituciones: “Los mercedarios nos consagramos a Dios, fuente de toda santidad, para conseguir la propia santificación por la profesión de los consejos evangélicos. Fieles a los propósitos del Fundador y «por la integridad de la fe, por la caridad para con Dios y el prójimo, por el amor a la cruz y por la esperanza de la gloria venidera», mediante adecuadas obras de misericordia, nos dedicamos a visitar y redimir a los cristianos de las nuevas formas de cautividad, por las que se ven expuestos al abandono de la práctica de la vida cristiana y a la pérdida de la fe. Con este fin estamos dispuestos a entregar la vida, si fuere
necesario, a imitación del Redentor” (COM 4).
Sin la vivencia auténtica de los consejos evangélicos, no sería posible llevar a cabo nuestro 4o. voto propio de REDENCIÓN. Es desde la santidad que procuran los votos como se adquiere la fuerza moral y espiritual para implicarnos en la visita y liberación de los cristianos cautivos en riesgo de perder la fe.
Habrá que tener en cuenta, pues, lo que supone proclamar y vivir misticamente los consejos evangélicos. Es ciertamente un compromiso excelso profesar los consejos evangélicos.
5. y me incorporo libre y voluntariamente a esta familia religiosa para vivir en fraternidad comunitaria…
“Me incorporo libre y voluntariamente”, es el presupuesto fundamental para vivir con autenticidad la mística religiosa mercedaria, teniendo plena conciencia de que se trata de un acto libre, aceptando la dependencia en Dios como un acto que mantiene en la libertad plena, para formar parte de una comunidad en la que ha de vivirse con generosa entrega la vida fraterna en comunidad. “Nos incorporamos a la Orden para vivir en Cristo una auténtica comunión fraterna teniendo en cuenta que: “”Nuestra Orden es una fraternidad cristiana donde –venerando a María como Madre, inspirados en el testimonio de san Pedro
Nolasco y a semejanza de la primera comunidad cristiana, en la que todo era de todos– los mercedarios queremos realizar el gran deseo de Jesús: «Padre, que todos sean uno, como nosotros somos uno.
La misma vida de comunidad, sustentada en
un profundo amor humano informado por el
Espíritu Santo, es el lugar de la presencia del
Señor, según su palabra: «Donde están dos o
tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en
medio de ellos» Manifiesta, además, la venida de Cristo y vigoriza la consagración, creando un
clima más favorable para la observancia de los votos”. (COM 22).
6. Y ratificó esta libre decisión firmándolo con mi propia mano en el convento de (X), el día (x), año (X).
Finalmente queda de por medio un documento oficial, dando fe de la profesión emitida.
Un documento firmado con puño y letra de cada profeso. Un documento, que si bien puede romperse o destruirse, queda en la conciencia el compromiso que se ha realizado delante de Dios y de la Iglesia. Por lo cual, les exhorto a que realicen un profundo discernimiento antes de llevar a cabo tan importante acto solemne. Con gran humildad arrodíllense ante Jesús Sacramentando, para que con su sabiduría divina, puedan re confirmar su llamado a la vida religiosa y/o sacerdotal.
Desde ya, felicito y rezo por ustedes, quienes próximamente emitirán sus votos solemnes, dándoles la bienvenida a formar parte definitivamente de nuestra Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced; para que juntos, sigamos siendo signo profético del Reino de Dios, realizando con fidelidad nuestra carisma mercedario, conforme a nuestra Constituciones: “Para cumplir esta misión, impulsados por la caridad, nos consagramos a Dios con un voto particular, llamado de Redención, en virtud del cual prometemos dar la vida como Cristo la dio por nosotros, si fuere necesario, para salvar a los cristianos que se encuentran en extremo peligro de perder su fe, en las nuevas formas de cautividad” (COM 14).
Que por intercesión de nuestra Madre la Virgen María y de nuestro padre San Pedro Nolasco, puedan vivir con fidelidad su consagración religiosa.
“Por la Merced que es nuestra gloria, al servicio de los cautivos de nuestro tiempo”
Fr. Osvaldo Vivar Martinez, O. de M.
Maestro General











