Lutgarda nace en 1828, en Barcelona, hija de José y Teresa en un hogar numeroso con ocho hijos. A los 8 años muere su padre, y su madre se encarga del sostenimiento del hogar y de la educación de la prole.
Barcelona durante el siglo XIX se convierte en una gran urbe industrial donde se encuentran muchos pobres y excluidos junto a los explotados laboralmente y en situaciones de auténtica pobreza. Esa pobreza afecta especialmente a los niños, los cuales sin formación son explotados como mano de obra barata y sin derechos. El cautiverio antiguo ha desaparecido en la sociedad industrial, pero los nuevos cautivos están dentro de las ciudades que van creciendo. A ellos se siente llamada Lutgarda a liberar por medio de la educación redentora.
En torno a 1858 Lutgarda tiene una experiencia mística en que María de la Merced le invita a restaurar la vida femenina mercedaria. Acude a un mercedario exclaustrado Pedro Nolasco Tenas que por dos veces no prestó demasiada atención a lo que le contaba Lutgarda. El vicario general de la Orden de la Merced Tomás Miquel insta al p. Tenas que acompañe a Lutgarda. A partir de ese momento, se convierte en el más entusiasta propagador de la intuición de Lutgarda. Las dificultades se van presentando, y todas se van superando con la gran confianza en la providencia divina y el amor materno de María.
En 1859 se compra la casa de San Gervasio y el 20 de agosto de 1860 se instala la primera comunidad. Lutgarda que con su inspiración y entusiasmo ha posibilitado la fundación debe quedarse en su casa ayudando a su anciana madre. Y el 21 de noviembre de 1860 tomaron el hábito y comenzaron el noviciado las cuatro primeras mercedarias. Tras la muerte de su madre, el 22 de abril de 1861 ingresa en el postulantado, y el 18 de noviembre toma el hábito de novicia, cambiando el nombre por sor María Dolores. Al poco tiempo enferma de gravedad, y es trasladada a La Garriga. Falleció el 9 de agosto de 1862.
El carácter de Lutgarda puede sintentizarse en dos aspectos unidos y complementarios: la confianza en la Providencia divina que la lleva a expresar: Dios y nuestra Santísima Madre proveerán; y la fortaleza de ánimo para superar las dificultades contagiando a su alrededor la misma ilusión que a ella le embargaba.
Oh Dios, que llevaste por el camino de la entrega generosa a nuestra hermana Lutgarda Mas i Mateu, te pedimos que seamos capaces de confiar plenamente en tu providencia, para experimentar tu amor y ser instrumentos de la redención en nuestro mundo. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
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