MENSAJE DE SALUDO Y ANIMACIÓN PARA TODOS LOS PARTICIPANTES

DEL ENCUENTRO INTERNACIONAL DE FORMADORES DE LA ORDEN DE LA MERCED.

Quito, Ecuador, 22-28 de octubre de 2023

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     Saludo al R. P. Fr. Víctor Sundar Raj, Director del Secretariado de Vocaciones, Formación y Estudios; al P. Agustín Antonio Alcázar Rivera, Provincial de la Prov. de Quito, al P. Isaac Bueno y Equipo organizador, y a todos los participantes del Encuentro Internacional de Formadores Mercedarios a nivel de toda nuestra Orden de la Merced: Provinciales, formadores de las distintas etapas de formación inicial, que acompañan a nuestros jóvenes seminaristas, en las distintos lugares donde se encuentra presente nuestra Orden.

El lema “Reaviva el fuego que llevas dentro”, es el slogan, de este encuentro, que se parece mucho al llamado que el Apóstol San Pablo hiciera a Timoteo: “Por lo cual te aconsejo que “avives el fuego del don de Dios que está en ti” por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y dominio propio. Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio, del cual fui yo constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles. Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día”(2 Tim 1, 6-14).

     Ante la realidad crítica que estamos viviendo en la Iglesia y particularmente en nuestra Orden, sobre todo a nivel vocacional, el reto de renovar el fuego del carisma mercedario que hemos recibido es un compromiso urgente hoy más que nunca. Hay que remover y soplar las brasas que aún conservan el fuego para que se vuelvan a encender incandescentemente. Si bien es importante pensar en reanimar a todos los religiosos de la Orden en General, lo debemos hacer especialmente con las nuevas vocaciones que van llegando con el interés de ser leña que refuerce el fuego de la comunidad y podamos seguir ofreciendo misericordia a quienes están esperando con paciencia nuestra presencia liberadora.

     La vocación de cada uno de nosotros depende en descubrir el tesoro que cada religioso tiene por dentro. El tesoro escondido en el campo interior que es el AMOR DE CRISTO, y que nuestro corazón desea retener con fuerza permanentemente.

     Después de varios años transcurridos, gracias a Dios, se lleva a cabo este Encuentro de Formadores, que sin duda, es una gran oportunidad para compartir la vida fraterna, adquirir mayores elementos de capacitación, e intercambiar experiencias del delicado oficio de acompañar a nuestros jóvenes en el proceso de su formación hacia la vida religiosa y sacerdotal. De antemano muchas gracias por su disposición y servicio.

     Es un hecho que hoy en día, ejercer el oficio de formador es todo un reto. La realidad que hoy vivimos es cada vez más compleja por los cambios que se van dando a nivel social, cultural, político y religioso por lo que, hay que tener una gran capacidad creativa para lograr que los jóvenes que van llegando a nuestra institución reciban la mejor preparación posible en orden a asimilar el estilo de vida religiosa como una vocación profética en medio de un mundo influenciado por el egoísmo, por el individualismo, materialismo y relativismo de nuestro tiempo, de tal modo que se pueda lograr que los jóvenes puedan vivir la “fidelidad a Cristo, fidelidad al carisma de Pedro Nolasco, fidelidad a la Iglesia y a su misión en el mundo” (Ratio Studiorum de la Orden, 2).

     En el proceso o itinerario formativo de nuestros seminaristas, el papel del formador es fundamental. Sobre todo en cuanto al testimonio de vida se refiere, porque lo primero que los jóvenes ven es la manera de ser y de pensar del formador. Esto quiere decir que antes de enseñar con la palabra, hay que enseñar con el testimonio de vida de acuerdo al testimonio de Jesús: “Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: “¿Qué buscan?”. Ellos le contestaron: “Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?”. Él les dijo: “Vengan y verán”. Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima (Jn 1, 36-39).

     El reto de vivenciar el rol de ser formador en esos términos, de ninguna manera es una cosa fácil. Representa un empeño especial de vida. Se trata de un rol sacrificado sí, pero, que posibilita la oportunidad de compartir espíritu y vida con quienes luego han de ser partícipes de la misión redentora de Cristo. Por lo que de antemano hay que agradecer la disposición de quienes aceptan vivir este servicio. Hay que motivar e incentivar permanentemente a cada uno de los formadores, a través de cursos de formación permanente, a través de continuo diálogo con ellos, a través de visitas continuas del superior mayor no sólo para supervisar, sino para hacer sentir la cercanía en el desarrollo de la función encomendada, etc.  

     Es fundamental que logremos que nuestros jóvenes de tal manera tengan una auténtica identificación con nuestra institución que logren permanecer firmes en su vocación a pesar de las ideologías que hoy tenemos en la sociedad; corrientes ideológicas que dejan en el vacío porque no se sustentan en la realidad sino solo en una simple manera de pensar. Como lo es por ejemplo la ideología de género que supone que de acuerdo a como cada quien se piense, eso es lo que se debe asumir como identidad; nada más alejado de la realidad, “porque el ser es lo que es y no puede ser otra cosa” (Principio de identidad).

  1. Identificación con Cristo Redentor

     La labor primaria en el proceso de formación, es impulsar a los jóvenes a descubrir en su vida de fe a Jesús como quien los llama y seduce a un estilo de vida particular. Lograr que de tal manera se identifiquen con la presencia de Cristo Redentor, que decidan permanecer con Él superando cualquier condicionamiento que pudiera existir en el mundo.

     Hay que procurar que los jóvenes estudiantes, tenga en cuenta que: “Los mercedarios tenemos como maestro y modelo a Cristo Redentor que con su muerte nos ha liberado de toda esclavitud y estamos dispuestos a seguirlo sacrificando hasta la propia vida en el ejercicio del ministerio redentor” (COM, 6)

     Evitar al máximo una formación puramente moralista o incluso doctrinal, pensando que con el hecho de ser hermanos cumplidores de la disciplina o repetidores de la doctrina ya lograron ser buenos religiosos. Es importante que sepan o tengan presente que la vida religiosa ante todo es un estilo de vida, es vivir imitando permanentemente la manera de ser y de vivir de Jesús. Lo cual nada tiene que ver con la nacionalidad, con la lengua o con la raza o con el lugar de donde se venga.

     Me parece que las crisis vocacionales en la formación inicial o incluso permanente, tienen que ver con la falta de una verdadera fe en Dios; tener fe, no solo supone creer en Dios, sino vivir en Dios y para Dios. La continua vida íntima con Dios, por medio de la oración, de la meditación, de la contemplación, y de la acción como expresión del compromiso que nace del querer de Dios, garantiza la fidelidad en el seguimiento de Cristo como redentor del mundo.

  1. Identidad con nuestra Madre la Virgen María de la Merced.

     De antemano sabemos que como cristianos, como Iglesia, hemos sido bendecidos por Jesús mismo con la presencia maternal de la Virgen María, cuando desde la cruz dirigiéndose a Ella le dirá “Mujer, he ahí a tu hijo y viendo al discípulo amado dirá, hijo he ahí a tu madre” (Cf. Jn 19, 26-27).

   Más aún, sabemos también, que nuestra Orden es eminentemente mariana. No podríamos pensar a un religioso mercedario sin un especial amor y devoción a nuestra Madre Santísima de la Merced, teniendo en cuenta que fue ella quien ha inspirado a San Pedro Nolasco para la fundación de nuestra Orden. Por lo que es muy importante que se impulse y motive a nuestros seminaristas a conocer y a amar a la Virgen a través del estudio de su vida y obra protagónica en la vida de la Iglesia y particularmente de nuestra Orden. “En nuestra oración, los mercedarios vivimos la presencia de María, la Madre de Jesús que preside e inspira nuestra plegaria y con Ella –que “sobresale entre los humildes y pobres del Señor”- glorificamos a Dios e imploramos sus misericordias para los oprimidos, alabamos su justicia con los poderosos, y tratamos de imitarla en su unión con Él en el ofrecimiento de la propia vida” (COM, 56).

  1. Identidad con nuestro Santo padre Pedro Nolasco.

     El conocimiento profundo de la vida y obra de nuestro santo Padre fundador Pedro Nolasco, seguramente que dará como resultado un aprecio genuino y motivador de lo que él vivió como hombre de Dios, como hombre de la Virgen María, nuestra Madre y como hombre de los cautivos a quienes se consagró en cuerpo y alma. “Nada como sentirse orgulloso del padre que engendra y da testimonio heroico de la misión cumplida”. Por eso es importante tener en cuenta que como dicen nuestras Constituciones: “Vemos en nuestro Padre san Pedro Nolasco el guía y modelo de la Oración mercedaria, imitamos su actitud contemplativa y encontramos, en la unión con Cristo Redentor que sufre en los cautivos, la fuerza que nos convierte en mensajeros de amor y libertad” (COM 57)

  1. Vida fraterna en comunidad

   El ser y quehacer mercedarios que se sustentan en una experiencia verdaderamente mística, tiene que dar lugar a considerar que todo ello ha de vivirse en una relación inter-personal. En una vida en comunión fraterna. Por lo que es importante lograr que nuestros estudiantes asimilen que estamos llamados a vivir una vida FRATERNA EN COMUNIDAD, lo cual es esencial a la vida religiosa vivir en común-unión en fraternidad.

     Ojalá que haya la posibilidad de lograr religiosos que valoren y estimen vivir unidos en fraternidad. La vida religiosa se convierte en profética cuando es capaz de dar al mundo un testimonio de unidad y comunión fraterna.

     Lograr una auténtica vida fraterna en comunidad implica un cierto entrenamiento desde la formación, para superar una simple respuesta mecánica ante la presencia del otro que me interpela porque vive en la misma casa y es compañero de camino en el proceso formativo. “La comunidad sin mística no tiene alma, pero sin ascesis no tiene cuerpo” (Pedro Río Aparicio).

     Hay que enseñar a nuestros jóvenes a ser en comunidad, a construir la comunidad, de tal manera que la misma, se constituya en una verdadera teofanía, la manifestación de Dios en la vida de los hermanos. Hay que enseñar a nuestro seminarista que: “Es cierto que la comunión no existe sin la entrega de cada uno, es necesario que desde el principio se erradiquen las ilusiones de que todo tiene que venir de los otros y se ayude a descubrir con gratitud todo lo que se ha recibido y se está recibiendo de los demás. Hay que preparar desde el principio para ser constructores y no solo “consumidores” de comunidad, para ser responsables los unos del crecimiento de los otros, como también para estar abiertos y disponibles a recibir cada uno el don del otro, siendo capaces de ayudar y de ser ayudados, de sustituir y de ser sustituidos” (PEDRO RÍO APARICIO, la fraternidad en la vida comunitaria, ed. Fonte, pág. 53)

  1. Identidad con el carisma

     El tiempo de la formación debe ser propicio para lograr que nuestros religiosos estudiantes tengan bien asimilado que: “Los mercedarios nos consagramos a Dios, fuente de toda santidad, para conseguir la propia santificación por la profesión de los consejos evangélicos. Fieles a los propósitos del Fundador, y “por la integridad de la fe, por la caridad para con Dios y el prójimo, por el amor a la cruz y por la esperanza de la gloria venidera”, mediante adecuadas obras de misericordia, nos dedicamos a visitar y redimir a los cristianos de las nuevas formas de cautividad, los que se ven expuestos al abandono de la práctica de la vida cristiana y la pérdida de la fe. Con este fin estamos dispuestos a entregar la vida, si fuere necesario, a imitación del Redentor” (COM 4)

     Es muy importante que al mismo tiempo que se va ofreciendo la formación académica, nuestros jóvenes vayan teniendo experiencias de vida carismática, de vida apostólica. Que vayan realizando concretamente la pastoral liberadora de acuerdo a los diferentes campos ministeriales que ya se tienen en las diferentes provincias.

     Una vez que hay la identificación con Dios que llama, una experiencia profunda de la protección amorosa de la Virgen María, y una identificación con el carisma confiado a nuestro padre San Pedro Nolasco, es importante ser conscientes del carisma propio. No tanto como aquello que se debe hacer, obtener o garantizar. La pregunta es ¿Cuál es el don de Dios que debemos acoger como don siempre nuevo, don que debemos continuamente reavivar?

     El don se reaviva con una relación todavía más profunda con el donador. Reavivar el don quiere decir abrir de nuevo las manos vacías delante del Padre bueno que nos da todo; ser conscientes del don recibido. O si fuera el caso volver a pedirlo recibirlo y agradecerlo.

     En el caso de nuestra Orden, hablar del carisma propio me parece que no implica mayor dificultad porque la realidad de las cautividades no sólo son evidentes, sino que se diversifican de acuerdo a las situaciones inhumanas que se van presentando en el mundo, que son generadoras de dependencias y sometimientos cada vez más palpables con la consecuente pérdida de la libertad que lleva a condiciones enteramente indignantes. Es más, a mí me parece que en diferentes partes del mundo vemos escenarios en donde se va replicando la realidad de la violencia y opresión como en los tiempos de nuestro padre fundador. Cada vez más, crece la persecución de cristianos que son obligados a renegar de la fe cristiana para conservar la vida. Por lo que, como obligación moral y carismática, debemos procurar visitar y liberar a cristianos cautivos en riesgo de perder la fe. Ya podríamos dedicar el tiempo que sea necesario para discernir cómo podemos asistir hoy en día a la Iglesia perseguida.

     Hoy en día se habla mucho sobre la necesidad de re - significar la vida religiosa en cuanto al carisma se refiere. Pero tal realidad no sería posible sin la re-significación de la vida misma del ser religioso, lo que implica la conversión personal para que luego haya de verdad una conversión pastoral.

  1. Formar religiosos libres de dependencias tóxicas en el ámbito de las relaciones humanas, particularmente con los niños y adultos vulnerables.

     El tema de los abusos, es una herida abierta, dolorosa y sumamente compleja en la Iglesia. En la formación de nuestros estudiantes es fundamental formar una consciencia plenamente responsable sobre la forma de vivir la afectividad humana, empezando por tener muy en cuenta la identidad personal la cual debe ser bien definida.

     Hoy en día se habla de la crisis de los valores humanos en la sociedad, en las familias e incluso en las instituciones religiosas. Se habla abiertamente del escándalo de los abusos sexuales, de poder y de conciencia, cometidos por un notable número de religiosos y clérigos, en fin de personas consagradas. Ante esta realidad, los últimos Papas, particularmente Benedicto XVI y actualmente el Papa Francisco, públicamente se han manifestado preocupados manifestando su dolor y vergüenza de cara a este terrible mal en la Iglesia, pidiendo perdón a las víctimas y familiares.

     El Papa San Juan Pablo II aseguraba públicamente estar informado sobre casos particulares de abusos en Estados Unidos, particularmente en una de las Diócesis:

     “Como a ustedes, también a mí me ha dolido profundamente que algunos sacerdotes y religiosos cuya vocación es ayudar a las personas a vivir una vida santa a los ojos de Dios, hayan causado tanto sufrimiento y escándalo a los jóvenes. Debido a ese gran daño provocado por algunos sacerdotes y religiosos, a la Iglesia misma se la ve con sospecha, y muchos se sienten ofendidos por el modo como perciben que han actuado los responsables de la Iglesia a este respecto. Desde todos los puntos de vista, el abuso que ha causado esta crisis es inmoral y, con razón, la sociedad lo considera un crimen; es también un pecado horrible a los ojos de Dios. A las víctimas y a sus familia, dondequiera que se encuentren, les expreso mi profundo sentimiento de solidaridad y mi preocupación” (Discurso en la reunión interdicasterial con los Cardenales de Estados Unidos, martes 23 de abril de 2002, 1)

     El Papa Francisco con profunda pena, pero sobre todo con gran humildad escribió una carta expresando sus sentimientos y pensamientos relativos a este tema tan preocupante:

“En lo que me toca, reconozco y así quiero lo transmitan fielmente, que he incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada. Ya desde ahora pido perdón a todos aquellos a los que ofendí y espero poder hacerlo personalmente, en las próximas semanas, en las reuniones que tendré con representantes de las personas entrevistadas” (PAPA FRANCISCO, Carta a los Señores Obispos de Chile tras el informe de S.E. Mons. J. Scicluna, Vaticano, 8 de abril de 2018. Id., Carta al Pueblo de Dios, Vaticano, 20 de Agosto de 2018)

     Teniendo en cuenta pues, este tema tan delicado les exhorto a ser muy exigentes a la hora de realizar el proceso de acogida de los hermanos que desean participar en el proceso de formación en nuestra Orden. Todo el tiempo de formación debe ser oportuno para ver la idoneidad de los hermanos para continuar o no dentro del seminario. Más vale tomar oportunamente la decisión de orientarlos a otro estilo de vida, que dejarlos permanecer con el riesgo de que en el futuro pudieran ser escándalo en medio de la Iglesia.

     Ruego a Dios que a todos los responsables de la formación, nos conceda su gracia divina para poder lograr obtener los mejores religiosos para bien del presente y futuro de nuestra Orden.

Muchas gracias

Curia General, Roma, a 24 de Octubre de 2023

Fr. Osvaldo Vivar Martínez, O. de M.

MAESTRO GENERAL

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